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Opinión | Entre líneas

Patrimonio humano

El médico me ha puesto a andar, lo que lejos de ser una carga en forma de comprimidos es la mejor medicina recetable. Y no lo digo yo, sino otro médico, un tal Hipócrates, un griego que de eso entendía. Andar mejora la salud cardiovascular, ayuda a controlar el peso, reduce el estrés y la ansiedad, disminuye el riesgo de enfermedades crónicas, refuerza huesos y articulaciones, favorece la digestión, activa el sistema inmunológico, aumenta la energía, reduce la presión arterial... Y hasta ayuda en la política y a razonar, algo que tampoco es una afirmación mía y que corresponde a Julio Anguita, que defendía sus largos paseos por la ciudad porque «el hombre que no anda, no piensa».

Si encima uno tiene la fortuna de vivir en Córdoba más o menos cerca de su casco histórico, la dulce condena de pasear llega a un estatus de privilegio, de auténtico lujo. El patrimonio propio en salud se va mezclando con el patrimonio monumental, con el histórico, con el popular, con hitos de una belleza increíble... Más aún, el honor de caminar por el centro, dejando a los pensamientos vagar a su aire, también permite disfrutar del patrimonio inmaterial de recuerdos junto a tantas pequeñas-grandes historias que acapara la ciudad. Incluso hay un patrimonio más que sumar a un paseo por Córdoba. El patrimonio humano. En ello coincidía el otro día con María José Velasco, cuando recordábamos la figura y el legado de Ginés Liébana, pariente suyo, así como del resto de componentes del Grupo Cántico, con los que uno podía cruzarse al atardecer por las calles de Córdoba cada cual en su paseo. Aquello me dio una idea: apuntar en mi libreta o mentalmente con quien me cruzo en esas caminatas por Córdoba. En apenas una semana la lista ya contenía dos escultores de altura internacional, otro par de imagineros referentes en Andalucía, tres literatos reconocidos en toda España, tres políticos de talla nacional; cuatro cantantes, actrices y actores consagrados, dos músicos referentes mundiales en sus respectivos instrumentos (guitarra y violín), empresarios de éxito, deportistas con medallas, algún abogado mediático, autoridades en campos científicos, jóvenes que ya son eminencias en sus trabajos... Además, por supuesto, de muchísimas más grandes personas a las que tengo la suerte de conocer y a veces la fortuna de llamar «amigo».

Y es que no solo olvidamos demasiadas veces toda la riqueza monumental e histórica que Córdoba tiene en piedra. Creo que valoramos aún menor ese patrimonio humano, realmente apabullante, con el que nos cruzamos por la calle y del que podemos estar igual de orgullosos.

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