Opinión | El ángulo
carmen lumbierres
El auge de la izquierda territorial
En el ciclo electoral que terminó el pasado domingo en Andalucía se observa una tendencia que traspasa las particularidades de cada territorio. El Bloque Nacionalista Galego ha incrementado su respaldo electoral en un 51%. EH Bildu ha crecido en torno al 38%. Chunta Aragonesista prácticamente ha duplicado su apoyo, con un aumento del 91%. Y Adelante Andalucía, dio la sorpresa y cuadruplicó su representación parlamentaria en las elecciones.
Estos datos no son una mera coincidencia estadística, sino que reflejan la consolidación de una corriente política que combina la identidad territorial local con una vocación de transformación social. Una izquierda arraigada en la realidad concreta de cada comunidad, capaz de vincular la defensa de la cultura propia y del autogobierno con la protección de los servicios públicos, la redistribución de la riqueza y la ampliación de derechos sociales, propios de la socialdemocracia.
En Galicia, el BNG ha construido un proyecto que integra la defensa de la lengua y del autogobierno con propuestas en materia de sanidad, política industrial y cohesión territorial. En Euskadi, EH Bildu ha ampliado de forma sostenida su base electoral mediante una combinación de reivindicación nacional y políticas de protección social muy apoyadas en su base sindicalista. En Aragón, Chunta Aragonesista ha recuperado espacio político al situar en el centro la vertebración del territorio y la defensa de los servicios públicos. En Andalucía, Adelante Andalucía ha encontrado un espacio propio al asociar el andalucismo político con una agenda de justicia social.
Este giro expresa una reacción al doble exceso de las últimas décadas. Por un lado, un liberalismo económico radical que convirtió los derechos fundamentales en mercancías y subordinó el interés general al mercado. Por otro, una creciente tendencia a regular con una única moral, desde una reacción ultraconservadora, aspectos cada vez más íntimos de la vida social.
Ante esta doble presión, una parte significativa del electorado progresista busca instrumentos políticos más próximos. La identidad territorial deja de ser una mera reivindicación simbólica para convertirse en un mecanismo de reacción frente a las decisiones económicas y políticas adoptadas en ámbitos lejanos. La fortaleza de estas formaciones marca como la izquierda que más crece es la que une pertenencia e igualdad, autogobierno y defensa del Estado social. En un contexto de desafección, la proximidad territorial y la credibilidad en la defensa de lo público se están consolidando como factores decisivos para reconstruir la confianza política.
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