Opinión | Escenario
Mantones de manila
Acabo de darme cuenta de que hoy, 18 de mayo, todo el mundo estará pendiente de analizar los resultados de las elecciones, pero como escribo esta columna con varios días de anticipación, he elegido un tema que no tiene que ver con ellas, sino con la proximidad de la feria: los mantones de Manila, que parecían haber caído en desuso y están experimentando un resurgir espectacular. Los mantones de Manila se llaman así porque esa era la ruta comercial utilizada para hacerlos llegar desde Cantón, o sea, que su origen es chino; nada de extrañar, por otra parte, ya que fueron los chinos los descubridores de la seda y de los bordados con hilo de seda sobre dicha tela. A España llegaron a mediados del siglo XIX, como refleja D. Benito Pérez Galdós en un amplio comentario contenido en ‘Fortunata y Jacinta’. Recordemos también su protagonismo en ‘La verbena de la Paloma’, con libreto de Ricardo de la Vega y partitura de Tomás Bretón: «Por ser la Virgen de la Paloma,/ un mantón de la China-na,/ China-na/ te voy a regalar...» y, en otro pasaje: «¿Dónde vas con mantón de Manila?/ ¿Dónde vas con vestido chiné?...» Por cierto, lo de chiné no tiene relación con chino, sino que se refiere a una tela rameada y estampada en colores vivos.
Los mantones de Manila, contrariamente a lo que sucede con los bailes, que ascienden desde las plazas populares hasta los salones palaciegos, comienzan a ser usados como complemento de su vestimenta por mujeres adineradas y socialmente destacadas; y desde ahí, se popularizan y pasan a ser piezas, que caracterizan, como ya hemos visto, a chulaponas y también a mujeres andaluzas, inmortalizadas en los lienzos de nuestro Julio Romero de Torres. Y son precisamente estas mujeres las que continúan utilizándolos cuando las de las clases altas empiezan a mostrar preferencia por los modelos importados de París.
Los mantones de Manila, que son completamente cuadrados, pueden usarse doblados en forma de triángulo, de rectángulo -con los brazos abiertos debe llegar hasta las puntas de los dedos- e, incluso, envolviendo el cuerpo en forma de vestido. Para su conservación está contraindicado el uso de las perchas y el doblado tradicional. Existen tubos acolchados donde el mantón queda enrollado entre dos telas de algodón. En mi familia utilizamos el método heredado -junto con los mantones- de abuelas y madres: cogerlos del centro y dejarlos caer sobre una tela blanca que se cierra y anuda a modo de hatillo. A la hora de usarlos sólo hay que tenderlos al raso para que pierdan las arrugas. Actualmente las planchas de vapor verticales resultan muy útiles. Que tengan buena feria.
*Académica
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