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Opinión | Cielo abierto

Mujeres poderosas

Hablando de mujeres poderosas, yo pienso en Wonder Woman o en la mujer de verde de Mikel Izal. Pienso en Diana de Temiscira y en sus muslos de fuego, pienso en su sonrisa huracanada en mitad de desastres planetarios y en su lazo de oro, que obliga al enemigo a decir la verdad. Pienso también en la mujer de verde de Mikel Izal porque la he conocido, porque me ha regalado sus superpoderes y aún no ha sucedido ni que las balas no reboten, ni que los malos sean más fuertes, ni que volar no siga siendo fácil, por más que algunas veces parezca lo contrario. Pero volamos aún, respiramos, vivimos. Mi mujer de verde se ha vuelto a poner el traje para rescatarme, y ahora somos felices quitándonos las capas y descubriendo esa fuerza infinita que guardamos. Mujeres poderosas he conocido varias; pero a ninguna, jamás, la he visto presumir de serlo. Lo hacen de manera silenciosa, con esa fortaleza que te da resistir y seguir adelante, pase lo que pase, aunque los vientos sean muy fuertes, en la lenta conquista de la luz. Siempre he pensado que se presume de lo que se carece, que se airea más aquello que se quiere tener. Esta campaña electoral se ha sostenido sobre esa balsa continua, en una especie de arroyo en movimiento, de las declaraciones de María Jesús Montero, que empezó su discurso hacia los andaluces asegurando que ella es una mujer muy poderosa. Cómo se lo vas a discutir a la ex ministra de Hacienda, con todo lo que se puede hacer ahí. Pero me han llamado la atención las formas, toda esa certeza hacia sí misma y el convencimiento de su dimensión.

Ahí va el autorretrato: «Una persona que tiene grandes responsabilidades en el Gobierno, en este caso vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, que probablemente ha sido la persona, o la mujer, sin duda, con más poder del conjunto de la democracia, decide presentarse a unas elecciones autonómicas, dejando sus cargos institucionales y apostando por Andalucía. Yo misma en primera persona, de lo que estoy encantada».

Habrá que ver si el encanto perdura en ella misma en primera persona; pero es un inicio rompedor, aunque no tanto como su final, con esos guardias civiles muertos «de accidente laboral» persiguiendo una narcolancha. Como los guardias civiles asesinados por ETA: accidentes laborales. Necesitamos representantes que tengan el sencillo poder de lanzar mensajes con sentido. Buscamos mujeres y hombres dueños de sus palabras, que entiendan la prudencia del silencio y el dolor de las víctimas reales. Una mujer de verde o Wonder Woman de a pie, que sepa hablar de frente, sin sacarte la lengua: porque la vida es dura, pagamos su jornal y nos merecemos un respeto. Más María Zambrano y menos callejones sin salida.

*Escritor

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