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Opinión | Hoy

Esa lengua andaluza

Mi constancia me ha premiado. He tenido que esperar cincuenta años para ver, ¡por fin!, la representación más andaluza y más insuperable de esos versos de Lorca: «La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico…». Sí, esa jeta de ese hocico de lagarta, con esa lengua montaraz, lenguaraz, falaz, tan locuaz, tan voraz; bífida, grosera, grande, gorda, inagotable en su facundia y verborrea, que esnifa más allá del tiempo y del espacio; que palpita, vibra, aplaude, lengüetea; que practica la lascivia de la mendacidad; desde el gañote, bien ejercitada en enrollarse y desenrollarse, en liarse y desliarse, pasearse por la boca, lamerse y saborearse su ego estúpido como saborea las nalgas del poder, y las chupetea, y las paladea; bien dispuesta a salir hacia fuera para mentir hacia fuera, para lengüetear hacia fuera; esa lengua de rana vieja, de camaleona histérica, pegajosa, pelos de felpudo, siempre dispuesta a lanzarse a la presa, pegarla en sus babas, succionarla y tragarla sin ni siquiera masticarla; esa lengua tan andaluza, tan matriarca, tan toda lengua, que lo mismo sesea que cecea que sisea que se restriega por sí misma, chupeteándose su sudor, su moco de vaca, su moco de pava. Y el clímax del espectáculo: aplaudir con la lengua, hacer piruetas con la lengua, hacer juegos malabares con la lengua, de tal manera que la lengua se mueva antes de que salgan las palabras. Sí, ha sido una tragedia esperar tantos años: cada vez que veo esa lengua andaluza, vuelven a resonar en mí esos versos sublimes: «La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla!». (Esos toros hartos de que nos pise esa lengua andaluza somos los andaluces, claro).

*Escritor

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