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Opinión | El alegato

Jornada de introspección

Cuando este alegato vea la luz, los andaluces estaremos a escasas 48 horas de la jornada reflexiva antes de acudir el domingo próximo a votar.

A la jornada de reflexión yo prefiero llamarla «jornada de introspección». Durante la campaña electoral escucho a los candidatos y reflexiono. Llegado el día precedente a las votaciones, analizo simplemente los pensamientos, emociones y sentimientos que sus propuestas han generado en mí, y dejo que mi instinto ciudadano decida quién merece mi confianza.

Hasta el momento, en ese ejercicio reflexivo de escuchar y analizar lo propuesto por los candidatos, he de decir lo siguiente:

Está muy bien la defensa de lo público, pero abusar de ello como si la educación o la sanidad privadas llevasen en su frente tatuada la imagen de belcebú se me antoja ausencia de propuestas. Siempre han convivido de manera aceptable e incluso complementaria ambas opciones y no creo que deban ser excluyentes en ningún caso. Sin sanidad y educación privada saturaríamos aún más la pública y algún político defensor de lo público se quedaría sin su hospital «de confianza» o sin colegio «clasista» al que llevar a sus hijos.

Es de sentido común exigir un control razonable del flujo migratorio, pero en ningún caso negar a un extranjero que llega a España para integrarse y trabajar, sea de la nacionalidad que sea, su derecho a acceder a nuestros servicios y ser tratado como ciudadano español. No hay ciudadanos de primer y segundo orden, ni los procedentes de otros países han de ser puestos bajo la sospecha de intenciones de delinquir. Creo que más de un político alentador de xenofobias, antes o después, tendrá que tragarse sus palabras cuando sus hijos o nietos le vengan con una pareja «forastera», que diría mi abuela.

Está fantástico prometer no vulnerar la ley, pero tampoco hay que pasarse prometiendo más allá de las fronteras territoriales bajo control del candidato, que luego pasa lo que pasa. Meter la mano en el fuego por un compañero de partido que gobierna a miles de kilómetros y al que ves de congreso en congreso, es un deporte bastante arriesgado en política.

Es loable exigir inversión en gasto social, pero atacar a quienes ven necesario invertir en defensa nacional es dejar a la deriva a todas esas fuerzas de seguridad que defienden a los ciudadanos españoles: a Jerónimo y Germán, esos guardias que han encontrado la muerte persiguiendo una narcolancha; a Luisa, la esposa ya viuda de Germán, también guardia como él; a todos esos guardias civiles que han intervenido en el traslado de los pasajeros del crucero del hantavirus.

Sigo reflexionando a ver si algún candidato consigue que esta andaluza se levante del sofá.

*-Experta en Derecho del Trabajo y Seguridad Social

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