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Opinión | Caligrafía

Alumnos

Los profesores con una carrera larga acumularán algunos miles de alumnos. Hay profesores con memorias prodigiosas para apellidos y caras, que conocen a todo el mundo el primer día. Otros consiguen aprenderse la lista en la última clase, cuando ya no sirve para mucho. Existe sin embargo una frase muchas veces repetida por los profesores, cuando algún antiguo alumno sale en la conversación. A veces rápidamente, otras como reptando por simas de la memoria, dicen: «Sí, fue alumno mío». Unas veces parece que eso significa conocer ignorados secretos del otro, otras compartir los méritos o maldisimular cierta envidia o incomprensión de los mismos, muchas veces-son las mayoritarias y dignas- significa simple y natural orgullo y alegría por los éxitos.

Creo que para enseñar bien no se puede ser ni envidioso ni cicatero. Es verdad que hay profesores que son una cosa dentro del aula y muy distintos fuera, como si toda su energía quedara en clase y se encogieran, tímidos, al salir de ella. Siempre me han gustado esos profesores. No sólo es la profesión de la paciencia, porque se enseña como se prueban llaves en una cerradura, hasta que todo el mundo se abre; sino la de la espera: tal vez el verdadero fruto de lo enseñado se pueda ver muchos años después, y entonces sería el orgullo docente como el del que planta un árbol y lo ve dando sombra pasado el tiempo.

Decir «fue alumno mío» como si se dijera «yo planté ese árbol». Naturalmente hay árboles que crecen a pesar de sus jardineros y nada deben, e incluso crecen a pesar de ellos. O quien tuerce o hace muescas en el árbol que otro mantiene sano, y encima cree estar haciendo algo bueno.

*Abogado

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