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Opinión | Tribuna abierta

Unas preguntas para el lector

El documentalista sigue una manada de elefantes. Terrizos. Dignos. Majestuosos. Recorren decenas de kilómetros diarios para saciar la sed en un riachuelo fangoso. Luego, por una sabana de estío, polvorienta, vuelven para alimentarse. Diariamente. La cámara se centra en una madre con un elefantito de días. Tan pequeño como una figurita de madera. Produce ternura y preocupación verlo. Se tambalea. Apenas puede mantenerse en pie. La madre trata de ayudarle, le empuja suavemente con la trompa. Avanza dando traspiés. La voz en ‘off’ narra esta dificultad, anticipa la tragedia. Así unos minutos agónicos. El animalito se detiene, apoya su trompita en el suelo, se pone patas arriba…, número circense, espectacular, ¡bravo!, de aplauso, pero da una pirueta completa y cae. Está muerto. La madre se queda un rato a su lado. La manada aguarda... ¿No podrían los documentalistas haber llegado hasta la cría y ayudado a salvarla, hidratarla, alimentarla con un biberón...? ¿Qué querían mostrarnos?

Un caso notorio es la foto de Kevin Carter captando al niño Kong Nyon en Sudán. ¿Quién no ha visto con horror aquel buitre acechando al niño famélico? La foto ganó el Premio Pulitzer. Según la crítica, era una alegoría de Sudán en 1993: Kong era el problema del hambre y la pobreza, el buitre era el capitalismo y Carter era la indiferencia del resto de la sociedad. Luego, Carter se suicidó. En internet se lee la nota que dejó: «Estoy deprimido... atormentado por los recuerdos vividos de los asesinatos y los cadáveres y la ira y el dolor [...] de ver morir del hambre o a los niños heridos...». Luego, resulta que el niño Kong murió años más tarde, que sus padres le abandonaron aquel día «un momento» para ir a recibir la ayuda humanitaria de la comunidad internacional y así se lo encontró Kevin Carter. El buitre detrás (o delante). Sálvese quien pueda. Pero se dirán: ¿Esperó el fotógrafo la peligrosa aproximación del buitre al niño?

En la novela ‘La Chanca’ de Juan Goytisolo, los turistas iban a sacar fotos a los niños churretosos, desgreñados, desnudos y descalzos del barrio almeriense del mismo nombre, gueto de miseria en los años ´50, y no querían que las madres los adecentaran un poco... ¿Una denuncia o simplemente que viajar a la pobreza les hacía como más ricos?

En fin, ¿qué sentimos cuando contemplamos escenas parecidas o más escalofriantes, ciudades convertidas en montañas de escombros y las humaredas de las bombas sobre miles de inocentes compartiendo pantalla con un anuncia de perfume, si no es un invisible que nos observa y ojea su cuenta de resultados, manipula estadísticas y apuesta en Bolsa y nos convierte en borreguitos, ¡beee!, listos para colocarnos en trabajos de miseria o en las listas del paro o enviarnos a una guerra y ¡clic!, una foto más?

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