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Opinión | NO NI NA

Rafael Ruiz

Rafael Ruiz

Periodista

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La campaña del candidato a la reelección, Juanma Moreno (Bonilla, incluyen sus adversarios), acaba de perpetrar una cancioncita pop llamada ‘Kilómetro Sur’, que tiene toda la pinta de haber ejecutado personalmente el aspirante y su autotune. A ver, Fito Páez no es. Está a medio camino entre Modestia Aparte, como de pub de Galerías en los ochenta, y la primera que toca el grupo de versiones en la caseta pija de la Feria cuando quitan las sevillanas jartibles. Andalucía, la de verdes praderas y anchos mares, una cosa inenarrable de esas que dan vergüencita ajena. La letra tenemos que trabajarla porque es mala cual brote de hantavirus. El Grammy -gran nombre para un premio musical- no se lo van a dar.

Esto de la canción, que es muy del dilecto Aleix Sanmartín -el perito en efectos especiales-, dice un montón de cosas de la política posmoderna. Ha pasado con María Jesús Montero (Cuadrado), que no ha cantado -de momento- pero que ha resucitado al clan de la ceja, Miguel Ríos y tal, mientras nos dice que no era ella, no. Se esperaba uno cuestiones prácticas, republicanas en el sentido latino, y le vienen con consejerías de Inteligencia Artificial -chiringuito top, enhorabuena al premiado- o con médicos en 24 horas, frases cortas perfectamente vacías, significantes sin significado. La derecha dadá repite como un loro que los españoles primero, porque parece que ha dejado la medicación. Los andalucérrimos, comedores escolares veganos.

Se vota, parece ser, como se elige camiseta. Por la frase que lleva estampada. Porque la gente puede necesitar vivienda asequible, empleo no ligado a festividades o educación de calidad, pero lo que se promete son sensaciones, esbozos. Si se han fijado, ya no se prometen bibliotecas concretas, centros sanitarios específicos, urbanizaciones localizadas, carreteras o autobuses. Nunca dicen cómo se va a pagar.

Tienen hasta la desfachatez de mentarse sus supuestas carreras profesionales gente que no aparece por su empleo, cuando lo tiene, o que se ha criado a los pechos de las secciones juveniles de los partidos, que deberían ser inmediatamente ilegalizadas por razones de moralidad pública. Un poco de clandestinidad no le hizo mal a nadie. No se debería concurrir a unas elecciones sin un periodo mínimo cotizado fuera de la política, digamos, de diez años para empezar a hablar. Antes de gastarse lo de los demás conviene saber lo que cuesta ganarlo.

Esperamos, lamentablemente, que el ejemplo cunda. Y que en el futuro no haya candidato sin canción mala, sin autotune para los gallos. Descoyuntado el periodismo como contrapoder, entregado al infoentretenimiento y a las recetas de cocina, sean las jornadas electorales un concurso de talentos, donde la claque aplauda a rabiar las ocurrencias. Cántame, me dijiste cántame.

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