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Opinión | LA CAFETERA DE ASPASIA

El desastre en Caballerizas Reales

Hoy tendría que estar celebrando aquí que mañana viernes tendremos la oportunidad de ver una importante antología de pintura de Rita Rutkowski en Vimcorsa, a las ocho de la tarde. Una autora que, para mí, es la mejor de los mejores.

Sin embargo, no puedo hablar hoy de su obra porque es imposible pasar por alto uno de los fenómenos de gestión cultural más inoportunos y surrealistas que se quieren llevar a cabo en nuestra ciudad: la cesión para que gestione la sala expositiva de las Caballerizas Reales al ‘Museo’ Europeo de Arte Moderno de Barcelona, una colección privada gestionada por la Fundación de las Artes y de los Artistas de Barcelona. Un ‘museo’ que parece no estar como tal vinculado ni reconocido en el directorio oficial de museos y colecciones de España del Ministerio de Cultura. Es decir, que es una fundación privada.

Esta cesión, no ha salido a concurso público, sino que se cede sin posibilidad de que otras fundaciones o museos (de verdad) opten a ella. Imagino que el modelo de referencia debe ser el privado que se llevó a cabo en la sede del Centre Pompidou en Málaga, o la sede del Guggenheim en Bilbao. A los inconvenientes de este modelo se une, además, que esta colección privada catalana tiene un impacto y prestigio internacional que es, simplemente, inexistente; y un impacto nacional insignificante. Por no hablar de que todas sus pinturas de desnudos son femeninos, algo que es arcaico.

¿A qué se puede deber esta iniciativa sin sentido? ¿A quién beneficia? Porque no es un proyecto para el bien común, ni para el común del colectivo artístico cordobés ni para el común de la ciudadanía. Es un proyecto privado, sesgado, comercial y turístico, en el mejor de los casos, cuando el espacio es público.

Si nuestro gobierno local supiera de arte, de dinámica cultural profesional, de estatuto del artista, de código de buenas prácticas oficial… no se le ocurriría semejante propuesta, y si mirara el listado de profesionales de diversos ámbitos que están firmando una carta (que se puede firmar ‘on line’) mostrando su rechazo a esta barbaridad, habrían tardado media hora en pararlo. En Córdoba, sólo hay dos espacios municipales de exposición (que no tienen que ser para artistas cordobeses exclusivamente, obvio), pero son los únicos que tiene la ciudad. ¿Y este tercero se cede? ¿Por qué? ¿Por qué no gestionar públicamente ese espacio, con criterios de calidad, para diversos estilos y propuestas, para artistas cordobeses y de otros territorios?

Quizás, en política, más allá de las siglas que cada uno abandera, lo más importante es tener palabra. Esa palabra que te hace creer en las personas, aunque piensen distinto a ti. Palabra… y cabeza.

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