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Opinión | colaboración

El periodismo sin ideas

El oficio de contar no puede ser una farsa porque con el tiempo degrada la calidad

«La primera vez que le pasó, sonrió. Había publicado una columna por la mañana y por la tarde apareció otra, en otro medio, sospechosamente parecida. Indudablemente tenía el mismo tema, el mismo enfoque general. Pero pensó que era la actualidad y sus coincidencias. La segunda vez ya no le hizo gracia. Había algo más: no solo coincidía el tema, también la estructura, el orden de los argumentos, incluso un ejemplo que él creía particularmente suyo. Empezó a incomodarse y a preguntarse si estaba exagerando. La tercera vez cerró el portátil. Entonces recordó aquella frase atribuida a Ian Fleming en ‘Goldfinger’: «Una vez es casualidad. Dos veces es coincidencia. Tres veces es acción enemiga». Pero en este caso no había enemigos. O al menos no visibles porque el problema en realidad es muy complejo. Estamos en un tiempo sin ideas, sin originalidad en ningún contexto, y el periodismo, salvo algunos casos, es repetición. Walter Benjamin escribió sobre la pérdida del «aura» en las obras reproducidas. Quizá hoy esa pérdida ya no afecta solo al arte, sino también a las ideas. Todo puede copiarse, adaptarse, reutilizarse. Y en ese proceso, lo original deja de importar. Al final se vende una versión de algo que cobra más protagonismo que la fuente y que el creador. Y ante este esperpento solo hay indiferencia y dejadez. «El periodista volvió a leer ambos textos. No había copia literal. Nada denunciable. Solo cercanía incómoda, como si alguien hubiera estado mirando por encima del hombro». Quizás el problema de la repetición y de la copia sea que ya casi nadie escribe desde un territorio virgen. Se escribe después de leer, de escanear, de absorber. Y en esa cadena, las ideas se desgastan. Se vuelven previsibles. Intercambiables. La tecnología no ha hecho más que acelerar el proceso. Herramientas como ChatGPT permiten producir textos correctos en minutos, reorganizando lo que ya existe. No inventan: ordenan. Y eso, en un entorno sin tiempo, es más que suficiente. Hay que pronunciar las palabras claves en esta crítica al plagio: estamos en una época histórica sin ideas, en una crisis de originalidad, pero eso no puede suponer una excusa para renunciar a la profesionalidad. En prensa, igual que en cultura, debe haber valentía y singularidad, trasparencia. El oficio de contar no puede ser una farsa porque con el tiempo degrada la calidad. O eso creo.

*Doctor en Filosofía y profesor de la UNED

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