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Opinión | Tribuna libre

Cara tortilla de patatas

De momento, los bares y restaurantes siguen llenos como si no hubiera mañana. La pandemia nos cambió los hábitos ahorradores por otros más despilfarradores, quizá porque nos enseñó el lado oscuro de la vida, es decir la muerte que siempre acecha sin respetar sexos ni edades y nos sacó a la calle que nos veto durante un tiempo que se nos hizo excesivamente largo. La calle no es sólo para pasear, está diseñada también para consumir a base de tiendas y bares. En Zamora, de estos últimos establecimientos vamos bien servidos. Si los «tiberios», las «perdices», las «bravas», los «figones», los «callos», los «pinchitos» y tantas delicias gastronómicas como se ofrecen aquí y acullá no estuvieran para chuparse los dedos, lo mismo el panorama cambiaba.

Puede que cambie. No sé si usted se ha percatado de ello, pero el «taperío» está más caro que nunca. Ha pegado una subida bárbara y eso puede hacer retraer a los consumidores. La culpa la tiene el tremendo encarecimiento de la materia prima. El mejor ejemplo lo constituye la riquísima tortilla de patatas, siempre tan socorrida. Le voy a contar una cosa que quizá no sepa, preparar este delicioso plato, con o sin cebolla, cuesta hoy un 80% más caro que hace cinco años. Otra delicia que también ha concentrado todas las subidas posibles ha sido la torrija.

No quiero dar pistas a restaurantes como en el que ofrece en su carta un puerro gratinado a dieciséis euros, porque se nota, y mucho, cómo algunos restaurantes han ido reduciendo las cantidades que sirven. El momio escasea en los platos que se acondicionan con patatas paja, hierbajos de todo tipo mal llamados ensaladas y todos esos «trampantojos» que los restaurantes ponen en los platos para mal disimular lo cortitos que los sirven. Los platos típicos de la gastronomía española están sufriendo considerablemente la inflación galopante que nos sacude por todas partes.

Volviendo a la rica tortilla de patatas, el INE nos lo ha dejado bien claro: en un año, los huevos han experimentado una subida del 21,2%, y la humilde y llorona cebolla ha encarecido un 10%. Y así sucesivamente con la mayoría de materias primas empleadas en la elaboración de nuestra gastronomía. Estos y otros platos perjudicados se han convertido en el fiel reflejo de cómo la inflación afecta al bolsillo.

*Periodista

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