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Opinión | El cuerpo en guerra

Elogio de una madre no-madre

Mañana lloverán ramos de flores, libros, bombones... y muchas familias se reunirán alrededor de la mesa para celebrar que siguen unidas gracias al esfuerzo de la madre. La madre, ese bastión indestructible, que a menudo cede el testigo a la hija para convertirse en abuela. Y así las madres crecen y se multiplican, siempre eternas pero vulnerables.

Esta realidad contemporánea nos ha demostrado que existen muchas maneras de maternar, tantas como núcleos familiares haya. En mi último poemario, me atrevo a dar un paso más allá: ¿existen madres sin hijo? Yo sostengo que sí: hay mujeres que se sienten madres, que siempre se han concebido así, que siempre han querido serlo, pero a las que la vida o la ley natural les ha arrebatado a su criatura o la posibilidad de que esta exista.

Entonces, ¿sin criatura puede haber madre? En mi opinión, sí, no ya porque pueda producirse la trágica muerte del hijo (un infierno), sino porque a menudo éste se queda atrapado en ese complejo territorio de la no existencia que puede llegar a ser la memoria. Una célula que comenzaba a ser criatura en el vientre de la madre pero que súbitamente un día dejó de tener latido (como en La hija que no soy, de Marina Carretero Gómez) o aquellos hijos que dio a luz Wanda Maximoff y cuya existencia borró su mentora Ágata Harkness no sin antes tratar de arrebatárselos de su mente.

Imaginad que una madre (Wanda) despierta un día y sus hijos se han esfumado. ¿Quién se los ha arrebatado? ¿Por qué todos a su alrededor fingen que nunca han llegado a existir, que son algo fruto de su imaginación desmedida? ¿Por qué tacharla de «loca» resulta más sencillo que tratar de descubrir lo ocurrido? Es más, ¿por qué a nadie le interesa averiguarlo y sí hacerla permanecer varios días en la cama apartada del mundo, en silencio? ¿Piensan que unos hijos pueden llegar a dejar de recordarse en la cabeza de una madre? ¿Acaso una madre no irá a buscar a sus hijos a todos los universos posibles?

¿Y si siempre nos hubiéramos pensado madres, si ya queríamos a esa criaturita en nuestro interior antes de existir y la biología, la violencia médica o el egoísmo vanidoso de los hombres nos ha arrebatado su existencia? ¿Cómo definirnos entonces, cómo autodenominarnos? He aquí una madre no-madre, la que ha hecho de la historia de Wanda su cruzada personal, la que firma estas palabras.

Feliz día a todas las madres de todas las realidades en cualquiera de sus formas.

*Escritora

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