Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Hoy

Teatro en puridad

¡Claro! ¡Ahora caigo! ¡Cómo no lo he visto antes! Ya sé por qué tanta carestía de trabajo para actores y actrices. Ya sé por qué resulta tan poco valorada esa profesión en esta actualidad pedestre y grosera. Pues porque al teatro le ha salido la competencia de estas políticas y políticos que todo lo colonizan, como dioses que son, y de todo se pitorrean. ¡Pero qué bien actúan! ¡Qué caretas tienen estas caras de cemento armado tan cariacontecidas! ¡Y cómo les crecen sus narizotas de pinochos, sus greñas de brujas y sus colmillos de lobo vestido de abuelita! Ahora lloro, ahora grito, ahora río, ahora gesticulo, y ¡tururú!, me importa una higa esta chusma que llamo ciudadanía: la he acostumbrado por fin a que se trague toda la basura que le echo en forma de teatro contra los otros. Ésta es mi profesión. ¡Sacrificada profesión la de cristobita polichinela! Nací para esto. Saltar y danzar. Asesores de imagen ¡y a moverme! ¡Cuantas más chiribitas, mejor! ¡Hablar, hablar, hablar, y así no tengo que decir nada! Esa chusma de ciudadanía ni se imagina cómo me río de sus espaldas. Me coloco mis coturnos, mi capa de Caperucita Roja, mi careta de compunción, me tapo el plumero para que no me lo vean, y venga toda la gama de muecas, hipidos, suspiros, parpadeos, inventar mocos, lágrimas, lagrimitas, lagrimonas... Y a capela, me la envaino.

¡Y vengan caídas de ojos y maquillajes! Y cuando termino la escenificación me doy la vuelta... ¡Vamos!, es que se me desencajan las carrilleras de tanto reírme a mandíbula batiente, se me deshacen las ternillas, se me afloja la vejiga, ¡qué me meo!, con perdón, me mondo el escroto, me troncho, me parto, se me abren las coyundas, y ¡qué placer acabar siempre en una mueca sardesca, sardónica! Pero, eso sí, nunca reviento ni me muero de la risa. Risotadas, carcajadas, pedorretas... Hasta lloro, pero de risa.

*Escritor

Tracking Pixel Contents