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Opinión | Sin fronteras

Torrecampo y su Virgen de Veredas

Entre suaves cañadas, a poco más de un centenar de kilómetros de la capital cordobesa, se asienta Torrecampo. Enlaza con las tierras manchegas del Valle de Alcudia, en el camino real que unía Andalucía con la Meseta. Se cuenta que un primero de mayo de 1498 un pastor encontró sobre la quiebra de un peñascal la talla de una Señora. Temiendo que nadie le creyera, decidió trasladarla en un zurrón hasta la villa. A mitad del camino comprobó que ya no la tenía consigo, y que se había posado bajo un almendro. La volvió a guardar y volvió a desaparecer, así varias veces. Se convenció entonces de que la Virgen deseaba permanecer en ese paraje. Conocida la noticia, muchas personas acudieron al lugar deseosas de reclamar para aquella figura el patronazgo sobre la población. Para ello le erigieron una ermita en el Valle del Guadamora, junto a la desembocadura de un arroyo tributario del río Guadalmez. Desde entonces se acude hasta ella en romería, a muy poca distancia del Cerro de la Aparición, donde no pudo levantarse la ermita por lo agreste del terreno.

Este mito sitúa el origen de la advocación en un lugar en el que antes no había sucedido nada extraordinario, lo que obligó a que el descubrimiento de la talla realizado por el pastor debiera verse acompañado de un hecho milagroso capaz de dotar a la imagen de su significado sacro. Ello da sentido al deseo manifestado por la imagen de escoger su morada en un paraje determinado en el que habría de ser venerada por todos los que acudieran a verla. La determinación de tal lugar sagrado vino determinada por la reiterada desaparición de la talla del zurrón, circunstancia que culminó con la construcción de la ermita en aquel preciso lugar. Así se consolidó la imagen de las Veredas como protectora de la comunidad de Torrecampo y patrona de la localidad. El relato quedó ligado de esta forma a un espacio simbólico. La gente aceptó sin cuestionar los pormenores de la leyenda y el lugar en el que se produjo la aparición, el cual fue fijado en zona agreste en un claro rechazo a ser incorporada al templo mayor de la villa. Ta vez la actitud de la Señora pueda interpretarse como el deseo de no ser llevada al área donde ejercía su influencia la jerarquía eclesiástica para permanecer así en el ámbito de la hermandad. Este recurso fue muy habitual en el pasado como medio para reivindicar un determinado espacio como algo propio, convirtiéndolo en un valor jurídico a respetar por todos. Los peregrinos establecen una relación más personal con su imagen, a la que a primeros de mayo van a visitar para ofrecerle ofrendas y pedir favores.

El día de la romería los hermanos se reúnen en casa del presidente, desde la que salen luego a la búsqueda de las autoridades y del hermano mayor. Desde allí, precedidos por la bandera y el estandarte, se dirigen hasta la ermita, donde se oficia la misa. Luego sacan a la Virgen en procesión. Es frecuente que los devotos le regalen joyas o prendan dinero en su manto. Se abre así un día de convivencia en el que la hermandad invita a limonada o sangría, reservándose el convite para hermanos y autoridades. Se celebran concursos de carretas. Por las veredas son muchos los que suben hasta la Cruz Chiquita, donde según la leyenda se apareció la Virgen. Al caer la tarde se vuelve al pueblo para dar comienzo a la feria. Con los años esta romería se ha convertido en un símbolo muy destacado de la comarca de Los Pedroches.

*Catedrático

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