Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | CALIGRAFÍA

Zanes

Cerca de la entrada del estadio de Olimpia queda una hilera de pedestales, en los que desde el año 388 a.C., nonagésima octava olimpiada, se fueron colocando estatuas de Zeus fundidas en bronce, que la gente de Elis llamaba «zanes». Estos zanes se erigían con el dinero de las multas impuestas a los que hacían trampa. En los pedestales se grababan advertencias y los hechos por los que se había castigado a los atletas. La vergüenza es eterna porque sabemos quiénes fueron, sin posible olvido o perdón. Los atletas que entraban al estadio tenían que pasar ante las estatuas y sobrecogerse por el destino reservado a los fulleros. Los seis primeros zanes se pagaron con la multa impuesta a Eupolo de Tesalia y los tres boxeadores a los que sobornó. En el año 332 a.C. Calipo sobornó a otros pentatletas para ganar. En el 68 a.C. el luchador Eudelo pagó a Filóstrato de Rodas. Con sus multas, y la impuesta a su ciudad, otros dos zanes. En el 12 a.C los padres de Políctor y Sosandro hicieron tratos para que ganara Políctor, fueron multados y se construyeron dos zanes más. Según Pausanias, los últimos zanes se hicieron con la multa de los boxeadores egipcios Didas y Sarapamon.

Calipo, que era ateniense, dijo que no pagaba un dracma. Los helanódicas exigieron el pago a Atenas subsidiariamente, y Atenas envió al tremendo orador Hipérides a defender el tema y pedir el perdón de la multa. Les dijeron que no, y la moraleja es que puedes ser Hipérides, pero si tienes que perder, pierdes y encima te echan la culpa. Atenas tampoco quería pagar y abandonó los juegos, como si fueran Eurovisión. Los dejaron sin oráculos y pagaron. Seis zanes más.

Tracking Pixel Contents