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Opinión | Cielo abierto

Pedir perdón de verdad

La mañana del 14 de febrero de 1996 el catedrático de Historia del derecho y ex presidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente está sentado en su despacho en la Universidad Autónoma de Madrid. Es un día sorprendentemente cálido, dentro de un invierno moderado, y los estudiantes andan por el campus en mangas de camisa. Tomás y Valiente está hablando por teléfono con el profesor Elías Díaz: un socialista ilustrado, como él, al que debemos la profundización en el concepto de Estado de derecho, un eje medular para la puesta en marcha de la Constitución y su proyección vital. Tiene su simbolismo que esté hablando con Elías Díaz, porque Francisco Tomás y Valiente, que ha hecho del concepto de Estado de derecho una forma de estar en la política y la cátedra, ahora va a convertirse en su representación. Hace solamente ocho días, al salir de su despacho en la calle Prim de San Sebastián, ha sido asesinado, en la calle San Martín, el socialista Fernando Múgica, ante los ojos de su hijo José María. Tomás y Valiente tiene siempre abierto su despacho, para que los alumnos sepan que pueden entrar directamente, sin llamar, porque su puerta está abierta para todos. Precisamente por eso cuando entra Jon Bienzobas Arretxe, esa mañana cálida, ya pasadas las once menos cuarto, aunque no reconoce su cara, ni le es familiar, piensa que se trata de un alumno.

Jon Bienzobas Arretxe, cuyo retrato se reproducirá después rápidamente, con sus ojos de topo y su expresión nubosa, no es un alumno de Tomás y Valiente, sino el terrorista que lo asesina ahí mismo, en su despacho, entre sus papeles, mientras Elías Díaz escucha los disparos al otro lado de la línea. En 2007 la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional lo condena a 30 años de cárcel, y ahora la Fiscalía de la Audiencia Nacional decide no recurrir el tercer grado «fraudulento», para Covite, que ya ha advertido que la consejera socialista de Justicia María Jesús San Sebastián se basa en cartas firmadas por el terrorista. Este tercer grado obliga al preso a dormir en prisión, pero es modificado para que pueda dormir en su domicilio. Para la Fiscalía, ha sido suficiente que Bienzobas empezara a participar en «actividades relativas a justicia restaurativa»: un nebuloso encuentro con víctimas en un casería de Alzo, en Guipúzcoa, del que poco o nada se sabe. El asesinato de Francisco Tomás y Valiente es un trallazo moral. Si tanta urgencia hay por concederle el tercer grado, qué menos que un mea culpa bien publicitado, tan sonoro como las detonaciones al otro lado de la línea con Elías Díaz, aquella mañana de febrero, para que siempre se sepa y se recuerde de verdad por qué piden perdón.

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