Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Aprender para contar

Artemis II

El regreso a la Luna reaviva el espíritu de exploración y confirma hasta dónde puede llegar la capacidad humana

«Un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad». Esta frase se dice que la dijo Neil Armstrong cuando el hombre -literal porque era un hombre- puso el pie en la Luna en 1969 a bordo del Apolo 11. Estábamos en plena euforia de la carrera espacial. No sé si la cita es exacta, pero creo hablar en nombre de muchos al afirmar que fue un momento excepcional, que habría estado entre los Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig. Todos éramos los astronautas y todos compartíamos ese logro, que además era un logro conseguido gracias a la inteligencia y el desarrollo de la especie humana.

Se habían superado las guerras tremendas del siglo XX que nos sumieron en las tinieblas y mostraron el lado oscuro de nuestra naturaleza humana. Llegar a la Luna nos dio esperanza de futuro y la confianza en poder avanzar juntos.

Varias décadas más tarde, volvemos a la Luna con el programa Artemis II de la NASA. La nueva misión («Artemisa» en español), lleva el nombre de la diosa de la mitología griega que entre otros «negociados» llevaba el de la Luna. En Artemis II van cuatro astronautas (una mujer y tres hombres), expertos pilotos con formación científica y técnica que, como pioneros, se han embarcado en el cohete Orión y han demostrado que se puede ir y volver en 10 días. Estaban bien preparados y la nave es un prodigio de la tecnología. Han tardado cuatro días en llegar a la Luna y otros cuatro en volver, el resto del tiempo han realizado maniobras y pruebas en nuestro satélite.

El lanzamiento se estudió para lograr una trayectoria precisa, que, utilizando la atracción gravitatoria de la Tierra, consiguiese que el combustible que se usase fuese mínimo. Al acercarse a la Luna, la gravedad lunar le ayudó a cambiar de sentido y volver con nosotros el 10 de abril. Los cálculos han sido extremadamente precisos, logrados mediante programas de trayectorias muy sofisticados y teniendo en cuenta minuciosamente el peso de la nave y su orientación en la órbita que sigue. Bravo por los ingenieros que han hecho esta proeza.

El hecho mismo de colonizar la Luna abre un debate importante, no solo tecnológico y científico, sino también filosófico y ético

La misión Artemis II, que zarpó el pasado 1 de abril, tiene importantes novedades. Por ejemplo, es la primera vez que los astronautas pilotan la nave. También reseñable es que la trayectoria es «de seguridad pasiva», que significa que, si algo fallase, la nave volvería a la tierra sin necesidad de motores. El reto de Artemis II es que los astronautas puedan entender, reparar y tomar decisiones sobre cualquier aspecto de la misión sin depender totalmente del apoyo desde Tierra.

La misión actual es precursora de la que vendrá por el 2028, Artemis III, a la que a su vez seguirán otras. El plan final del programa Artemis es establecer una estación espacial -la primera colonia en nuestra bella Luna.

Ya saben que la Luna siempre nos mira con la misma cara. Es como una persona coqueta que sabe qué lado es más favorecedor y siempre se coloca con esa orientación cuando se hace una fotografía. La Luna gira alrededor de la Tierra cada 28 días, y a su vez rota alrededor de sí misma, también cada 28 días. Es el movimiento óptimo para que el sistema Tierra-Luna sea estable, y está determinado desde hace miles de millones de años, desde que la Tierra y su satélite conviven. Por ese movimiento, siempre vemos la misma cara de la luna. Sin embargo, Artemis II le ha dado la vuelta y ha visto su lado oculto. Parece que por el otro lado es similar y sin duda igual de bonita.

La colonia humana futura se establecerá en una órbita elíptica alrededor de la Luna. Sabemos muchas de las cosas que van a hacer, y el hecho mismo de colonizar la Luna abre un debate importante, no solo tecnológico y científico, sino también filosófico y ético. La intención de fondo del proyecto Artemis es la que me hace menos atractiva la idea de escribir sobre él, es sin duda uno de los grandes temas del momento. Si la duda filosófica o moral no fuera suficiente, en la práctica la misión esta cofinanciada por la empresa estadounidense SpaceX, la multinacional que pertenece a Elon Musk. Además de cofinanciar la misión, SpaceX lanza miles de satélites en las mega constelaciones para proveer internet universal - «previo pago». En otras ocasiones les he hablado del problema que esto supone, y de que la tecnología sin ética es una desgracia.

En el clásico cómic, Asterix y Obelix usaban la frase «estos romanos están locos». Los pocos que se resistían a la ocupación romana en una aldea gala no entendían lo que hacían sus asaltantes. Además, los romanos usaban técnicas y estrategias que, para ellos, pobres galos de una esquina del mundo, eran incomprensibles.

Yo ahora me pregunto «si estos americanos (del norte) no se estarán volviendo locos». No voy a caer en la tentación de analizar todo lo que estamos viviendo en el mundo en este momento, me limito a la carrera espacial y a la tecnología del espacio. Vamos a la Luna a buscar «recursos», para luego poderlos explotar. Tenemos una Tierra con recursos cada vez más esquilmados, y ahora vamos a colonizar a la hermosa Luna para buscar más materia prima...

En la futura estación lunar harán experimentos que sin duda serán útiles, experimentos para desarrollos biológicos y control de enfermedades, o para explorar cultivos en situaciones extremas. Quizás con ellos se pueda ayudar a personas o pueblos. Ojalá, pero permítanme ser escéptica. Es una misión pagada por una empresa que no duda en colonizar el cielo y llenarlo de puntos brillantes que ocultan la belleza del universo y nos ciegan para investigar y descubrir qué se esconde tras tanta belleza. Una empresa que busca fundamentalmente beneficios no puede compaginar desarrollo y ética para el bien de la humanidad.

Estoy en crisis con la carrera espacial en la actualidad, porque dudo que las mentes preclaras estén siendo igualmente sabias. Veo, y la historia lo demuestra, que se puede ser inteligente y malvado; estar muy capacitado y ser egoísta o ambicioso. Las personas tenemos luces y sombras, y me da miedo que estén ganando las sombras. Quizás hoy no me hagan demasiado caso -solo estoy preocupada y un poco desconcertada.

*Astrofísica

Tracking Pixel Contents