Opinión | LA CAFETERA DE ASPASIA
A golpe de Guernica
No son malas fechas para pensar en el mítico juicio del rey Salomón. Ante la reivindicación de dos madres por un mismo bebe y la imposibilidad en la época de poder demostrar a quién pertenecía, la solución fue clara: sentenciar que lo partiría en dos para ser justo y equitativo, dándole una parte a cada una. La madre real lo cedió, delatando así en su renuncia su condición maternal.
Este texto bien podría servirnos para entender lo que está pasando con el Guernica, expuesto en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, ahora reivindicado por la autonomía vasca para exponerlo en el Guggenheim de Bilbao con motivo del noventa aniversario de aquel bombardeo. Les da igual que, a todas las peticiones mundiales, el museo siempre haya emitido informes técnicos en los que describen porqué se desaconseja mover esta pieza de casi ocho metros de ancho por cuatro de alto.
Esta obra fue hecha por un artista malagueño, en París, encargada y pagada en 1937 por el Gobierno Español de la II República para el Pabellón Español de la Exposición Universal. Después estuvo en Londres, Leeds, Liverpool y Manchester (1938-1939); de ahí a Chicago (1940), Ohio (1941), Cambridge (1942); Milán y Sao Paulo (1953); varios museos alemanes, Bélgica, Dinamarca y Países Bajos (1955 y 1956); Nueva York, Chicago y Filadelfia en 1958 para volver a Nueva York … hasta 1981 que llega a Madrid. Traslados que lo hacía enrollado, muchas veces, de aquella manera. Sólo con conocer este periplo sería suficiente para que cualquier persona con una mínima de responsabilidad o sensibilidad hacia cualquier patrimonio pictórico entienda -aún sin informe técnico-que esa obra no debe moverse más.
La política vasca reivindica el traslado de una obra que, simplemente, no les pertenece ni patrimonial ni simbólicamente, aunque recree un bombardeo en Guernica. La obra es una alegoría, es un símbolo universal contra la violencia y las guerras. No hay ni un elemento que haga referencia a la cultura vasca. De hecho… no sé yo si han mirado bien el cuadro porque el único icono cultural claro es un toro, símbolo nacional español porque -quizás no lo sepan-la obra de Picasso, en general, recrea bastante la cultura nacional española.
No quieren un traslado, quieren inventar el relato de que el cuadro pertenece a la cultura vasca, que habla de ellos cuando eso no es cierto, por numerosos aspectos, es global. La obra podría no tener título y funcionaría exactamente igual. Si les importara lo más mínimo esa pieza, ni la pedirían. Si la sintieran suya realmente, solicitarían su conservación donde está.
Está claro que, en esta cuestión, la política vasca no es la madre del bebé.
*Artista y catedrática de la Universidad de Sevilla
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