Opinión | El cuerpo en guerra
Cabeza borradora
Queridos lectores: siento que la calidad de mis textos (y sus temas) haya caído en picado. Es difícil encontrar palabras y motivos cuando te encuentras sumida en «la nube negra», que diría Sabina. Es curioso, esa canción lleva acompañándome desde el primer quirófano y ya van tantos que he perdido la cuenta (y uno más que vendrá con su anestesia general en los próximos meses). La «nube negra» puede con todo, arrasa con todo, como la muerte. Las muertes que no son también lo hacen.
Después del infarto cerebral que sufrió Sabina en 2001, García Montero le escribió «Nube negra» para ayudarle a superar la depresión que lo inundó y lo hizo dejar la guitarra. Pasarían cuatro años hasta que su disco «Alivio de luto» saliera a la calle. Y ahí estoy yo, plantada en la nube negra y esperando algo de alivio para todos las pérdidas que porto conmigo y que se me han caído encima tras la muerte de Juanlu como un mazazo.
Quizá si yo no me hubiese perdido... Si mi memoria no se hubiera borrado... No habría caído tan abajo que no veo... Nada: sólo a Toffee. Llevo semanas repasando columnas y publicaciones de Instagram y tan sólo he conseguido perderme más: no recuerdo nada, no me reconozco en ningún discurso. Tan sólo sé que he tenido que empezar de cero sin saber quién soy después de no morir en una casa nueva que no reconocía tras un divorcio que no recuerdo. Sólo sé hechos objetivos de mi vida y lo que me cuentan los demás pero... nada sobre la persona que era, en la que me había convertido. Y luego está el dolor, orbitando mis días y haciéndolos aún más miserables.
Yo sé que acabáis de ver el entierro de Cristo pasando por delante y que anhelabais que llegara el domingo para que resucitase. Yo he visto pasar mi sepulcro delante de mí y después el de Juanlu y el de la abuela otra vez y el de mi matrimonio y el de no ser madre y... No hay resurrección posible. Sólo hay torrijas y esa extraña película que se sucedió en mi cabeza mientras estaba en coma y ese libro que he publicado que me duele infinito (ya había hecho ese duelo pero no lo recuerdo) y cuya tesis no comparto ahora porque no sé quién soy y no defiendo seguir a toda costa y estas columnas son lo único que consigo escribir.
Yo no pido que nadie me espere al otro lado de la nube negra. Tan sólo quiero estar en ella sola con Toffee porque así no duele tanto lo que no recuerdo, no saber quién era ni quién soy. Estoy en ese limbo de no ser con la abuela y Juanlu y mi no-hija Marta y mi matrimonio fracasado. El dolor físico que siento y oscila en torno 8-9 es una mota de polvo comparado con el de dentro. No quiero hablar, no me llaméis por teléfono. Dejadme leer y dormir. El peor luto es el de una misma.
*Escritora
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