Opinión | A pie de tierra
Flores muertas
Córdoba es para buena parte del mundo la ciudad de las flores; o por lo menos esta es la imagen de ella que más ha calado a nivel internacional, de la mano fundamentalmente de la Fiesta de los Patios, tan adulterada, por desgracia, desde que decidimos apostar por el turismo de aluvión y la mercantilización de lo que nació para que sus propietarios compartieran durante unos días con el resto de cordobeses una forma muy concreta de vida y una actitud ante la misma. Por otro lado, sabido es que cuenta con cuatro declaraciones de Patrimonio de la Humanidad y enarbola ante propios y extraños la bandera de su singularidad con orgullo de raza y el peso de un acervo colectivo atesorado durante 5.000 años. No obstante, este último privilegio implica un componente altísimo de responsabilidad, en primer lugar por parte de las administraciones, que deben velar por que se cuiden y se respeten las señas de identidad que nos hacen únicos, y también de la ciudadanía, necesitada de entender que, como la cuestión de valor que en último término representa, el patrimonio es cosa de todos.
Si bien la alarma ha tardado en saltar, el proceso viene gestándose desde hace bastantes años ante la pasividad general. La estética de los patios se está adueñando de calles, fachadas y negocios en el casco histórico, como si en lugar de por un modo de vida nos hubieran premiado por ser un trampantojo o un colosal decorado, y no hay reducto ni ambiente que no se venda ya como una evocación de lo que a todas luces nos hace más universales; algo al fin y al cabo legítimo, pero reprobable a ojos de muchos, que tal vez debería ser corregido, o cuando menos reorientado, para no acabar convertidos en un escenario colosal de cartón piedra sin nada que ver con la realidad.
De hecho, hace ya tiempo que Córdoba perdió el control sobre el proceso salvaje de gentrificación que sufre su casco histórico y poco a poco contempla, desolada, cómo lo abandonan sus antiguos habitantes, cómo sus casas se convierten en hoteles, restaurantes y pisos turísticos, cómo la aturde el ruido, cómo desaparecen los servicios, cómo sus calles son invadidas de forma inmisericorde por miles de personas (hay que pasear de madrugada para captar de verdad la que fue esencia de esta ciudad irrepetible), mientras desaparecen a marchas forzadas los valores que un día la hicieron merecedora de sus títulos. Y quizás la metáfora más contundente de todo ello es que poco a poco las flores naturales están siendo sustituidas por flores de plástico, dispuestas por cientos en macetas de lunares que cubren fachadas y balcones y traicionan con saña su alma milenaria cubriendo su epidermis de chabacanería, tan ajena a su aroma de siglos; algo que no ocurriría si aún vivieran allí quienes un día lo habitaron. El plástico, es cierto, no necesita cuidados, ni agua, y tampoco lo afectan las oscilaciones climáticas, pero el tiempo acaba otorgándole un aspecto ajado, de cementerio. A este paso, ante la desidia general, los grupos escultóricos de Belmonte que evocan los patios y sus gentes acabarán erigiéndose en testimonio único y casi arqueológico de lo que un día fue, pero ya no es.
Lo que está ocurriendo es gravísimo; y lo peor de todo es que forma parte de un proceso más amplio ante el que las autoridades -también la ciudadanía, insisto- no deberían permanecer indiferentes. Bien está en que apostemos por los estereotipos y nos acabemos convirtiendo en una caricatura de nosotros mismos, pero intentemos al menos que sea una caricatura original, habitada por flores reales, no por flores muertas.
*Catedrático de Arqueología de la Universidad de Córdoba
- La taberna de Córdoba que conquistó a Ava Gardner y mantiene viva la cocina más tradicional: 'Es el rincón último de la autenticidad
- Rally Andalucía Sierra Morena 2026 de Córdoba, en directo | Iván Ares logra la victoria en el tramo de Espiel
- Largas colas en el Ayuntamiento de Córdoba para obtener documentos para la regularización de inmigrantes
- Defienden en Roma que la Córdoba romana se fundó en el Parque Cruz Conde y no en el centro
- Julián Urbano asegura que en la Feria de Córdoba solo quedan 'dos huecos libres' y que con la repesca de casetas espera el 'lleno total
- Un hombre con alzheimer hiere a su pareja octogenaria en Ciudad Jardín
- Lucena estrena un sendero peatonal que conecta el casco urbano con la Sierra de Aras
- El gobierno local de Córdoba se compromete a arreglar la plaza de La Corredera y a reponer las farolas tras las denuncias sobre su estado
