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Opinión | Colaboración

¿Estamos ante el final de la OTAN tal y como la conocemos?

Enojado por la negativa de los europeos a enviar buques de guerra, como les pedía, a desbloquear el estrecho de Ormuz, Donald Trump estudia la posibilidad de limitar en el futuro el derecho de voto en la ONU de los aliados más díscolos.

Es lo que cuenta al menos el diario británico The Telegraph, que cita fuentes aliancistas según las cuales se quiere mandar así el mensaje de que lo que hicieron España y el Reino Unido es «inaceptable». Hay, sin embargo, diferencias entre los dos países señalados: el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha denegado a Washington el permiso no sólo de utilizar las bases de Morón y Rota para su operación en Irán sino que no quiere que los aviones que participen en ella sobrevuelen nuestro territorio.

El premier del Reino Unido, Keir Starmer, que en un principio había prohibido también a los aviones de la superpotencia utilizar una base en suelo británico y la de Diego García, en el Índico, para esa operación, terminó, sin embargo, cediendo a las presiones de Washington. Trump es, como todo el mundo sabe, rencoroso y está además decidido a que todos los socios contribuyan a la defensa colectiva con el 5 por ciento del PIB nacional que les exige. ¿Y por qué no un 7 por ciento en el futuro?

Y quien no lo cumpla ese requisito fijado caprichosamente por el Donald podría quedar privado también del derecho de voto en asuntos como futuras misiones militares o ampliaciones de la alianza. De ser eso verdad, ¿lo aceptarán los socios o será el principio del fin de la OTAN, que algunos analistas llevan tiempo por cierto pronosticando en Estados Unidos?

Según medios estadounidenses, Washington podría también retirar de Alemania a parte de los militares que mantiene en ese país. Con más de 35.000, es el segundo mayor contingente exterior de la superpotencia desde el final de la Segunda Guerra Mundial: el primero es el de Japón. Al mismo tiempo, la ultranacionalista Alternativa para Alemania, que, a pesar de las amenazas de prohibición, no deja de subir en los sondeos, quiere que todas las tropas que tiene Estados Unidos en el país abandonen sus bases para que Berlín pueda tener finalmente una política exterior independiente. La guerra ilegal lanzada caprichosamente por Estados Unidos e Israel contra Irán ha provocado fuerte conmoción entre sus socios y no parece que haya ninguno que, a diferencia del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, la apruebe.

Los europeos están preocupados no sólo por las repercusiones económicas que el conflicto pueda tener en todo el mundo, sino también porque distrae a Washington de la guerra que más les interesa: la de Ucrania contra Rusia. Y es significativo que el ministro de Defensa de Finlandia, uno de los aliados más firmes de EEUU desde que renunció a la neutralidad para entrar en la OTAN, afirmase que su Gobierno quiere verificar si Washington cumple el contrato de armamento que firmó con los europeos

Los europeos se comprometieron a comprar armas a las empresas norteamericanas del sector para después enviarlas a Ucrania y hay al parecer dudas de que el material bélico comprometido se esté destinando a esa guerra y no se esté enviando en cambio a la de Oriente Medio. El presidente finlandés, Alexander Stubb, a quien siempre se consideraba muy próximo a Trump, ha querido distanciarse ahora también de la operación contra Irán.

«Esto podría convertirse en una recesión autoinfligida, advirtió Stubb, quien añadió: «Es lo que ocurre cuando se actúa al margen de la legalidad internacional». «Irán no es mi guerra. Ucrania sí lo es», dijo también el presidente finlandés, quien expresó su esperanza de que Estados Unidos entienda que «necesita más a los ucranianos que a los rusos» y que Rusia es su «némesis». Las consecuencias de la guerra de Oriente Medio para el futuro de la OTAN son todavía imprevisibles.

*Periodista

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