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Opinión | EconomÍa con toque

Feministas, pero tampoco mucho

El 8 de marzo se celebró el día internacional de la mujer. He de confesar que mi identificación con ese día la perdí hace ya algunos años y no la he recuperado. Incluso llevo un par de años que ni siquiera salgo a la puerta de la Facultad a guardar el minuto de silencio, pero es que me parece feminismo absurdo de salón por su carencia de significado real, empírico y tangible. Allí en esa puerta ves a alguna que otra mujer que el resto del año se dedica a atacar a otras mujeres, ya sea por rencor, envidia o porque sus líderes (normalmente masculinos) se lo mandan. Aquí juega un papel muy importante la falta de autocrítica individual y el pensar que una siempre tiene razón y está en el lado correcto de las cosas, la sorpresa es que no es así. A nivel general, me sucede algo parecido: las mujeres estamos rodeadas de feminismo de salón.

Creo firmemente que una sociedad, para ser considerada civilizada, tiene que ir más allá de ser educada y correcta, entre otras cosas porque en diferentes culturas y contextos el ser educada puede tener muy distintos significados y connotaciones. Es más, tener una buena renta per cápita o muchos edificios altos y modernos no nos hacen civilizados. Para mí, lo que marca la diferencia y es una de las características fundamentales (que no la única) que nos ha hecho civilizados como sociedad es proteger especialmente a las mujeres y la infancia. Por ejemplo, Qatar tiene una renta per cápita aproximada de 70.000 dólares, pero para mí no es un país civilizado porque un país donde las mujeres están discriminadas por ley no puede ser civilizado. Bajo esta creencia, que ya digo es mía, viene mi desesperante percepción: en los países occidentales estamos perdiendo progresivamente parte de esa característica necesaria para ser civilizados; efecto que también se está dando progresivamente en España, y que hemos visto de forma palpable, manifiesta y muy impactante con el caso de Noelia Castillo. Este caso es para que todas las mujeres de este país hubiésemos salido a la calle. Una niña es separada de sus padres por los servicios sociales, la meten en un centro de menores, la violan en manada al parecer unos menas magrebíes, cae en depresión con diagnóstico de trastorno límite de personalidad, intenta suicidarse, no lo consigue, y la terminan matando al solicitar ella la eutanasia con 26 años. Y a este horror absoluto, le han puesto la puntilla para ser un horror aún más profundo, si es que cabía, que ha habido medios de comunicación, periodistas, tertulianos y gente de la «mal llamada» izquierda defendiendo que haya muerto. A quién esto no le haga replantearse y preguntarse muchas cosas, es que no tiene alma. ¿Quiénes han permitido que esto ocurra? ¿No deberían estar ellos/as condenados? ¿Los privilegios y dinero al que acceden nuestros gobernantes son más importantes que la vida de las mujeres y niñas? ¿Realmente de qué nos sirven a las mujeres aquellas mujeres que están en política y solo fingen ser con discursos absurdos de salón pero luego no nos protegen? ¿Estamos actualmente gobernados por gente sin alma?

Es escalofriante ver el último informe de Unicef sobre violaciones y abuso sexual a menores. Una de cada ocho niñas a nivel mundial sufre abuso sexual y uno de cada once niños. Es escalofriante que desde 2008 esto haya aumentado más de un 100% en Inglaterra y Gales, Francia, Irlanda, Portugal, Dinamarca o España. De hecho, en nuestro país a nivel global desde 2019 los delitos contra la libertad sexual han aumentado casi un 40%. Si consideramos las agresiones sexuales con penetración, eso es la vida de 5.200 mujeres totalmente destrozada en 2024 (que hayan denunciado). En ese mismo año, el número de condenas fue de 1.389 por delitos sexuales (solo de adultos, aquí los menores no se cuentan y por tanto no entraría la violación de Noelia), de las cuales hubo 90 condenas por violación, según datos del INE. Es cierto que no se puede hacer un paralelismo porque la justicia española es muy lenta y las condenas serían de casos de varios años antes, pero, ¿no es mucha diferencia? Si hablamos de las condenas, sinceramente, en la mayoría de los casos son irrisorias, y el marco suele estar entre 4 y 12 años por violación. Si hablamos de características de los condenados, y aunque hay falta de transparencia por parte del Ministerio, el INE nos da las condenas con sentencia firme y nos dice que, en relación con el total de delitos sexuales, el 33% del total de los condenados fueron extranjeros (aquí tampoco hay estadística sobre nacionalizados), otro 34% del total fueron cometidos por hombres de entre 41 y 60 años; un 56%, por menores de 41 años, y un 14% fueron condenados por varios delitos.

Mi deber como mujer es defender a otras mujeres, y especialmente a niñas, no a hombres que violan ni nacionales ni extranjeros. Pero muchos de nuestros gobernantes actuales parecen no enterarse de que el bienestar de las mujeres y las niñas no se intercambia por nada. No se intercambia por ideología política, no se intercambia porque los políticos tengan más votos, no se intercambia porque nos dejen de llamar racistas, no se intercambia porque los extranjeros estén más cómodos, no se intercambia porque los afines ganen más dinero con temas como la inmigración ilegal o los centros de menores… No se intercambia por nada. Nunca. Este tema hay que tomárselo mucho más en serio de lo que se lo toman para seguir siendo un país civilizado, y desde luego no lo están haciendo. n

*Profesora de Economía de la Universidad de Córdoba

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