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Opinión | CALIGRAFÍA

Gominolas de Meribá

No he visto todavía este año Los Diez Mandamientos (1956), peliculón gordísimo que a lo mejor, con Rey de Reyes (1961) y Jesucristo Superstar, es el catecismo de la mayoría de la gente. Lo que sí he leído es el conjunto Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Vengo a partir una lanza por Moisés. Yo tenía la noción de que Dios actuaba injustamente al castigarlo por el episodio de la Fuente de Meribá, como cuando yo digo a mi hija que las gominolas son de postre, ella que para ya, y al final digo: “Pues no hay gominolas”. Al Señor le están pidiendo agua y comida permanentemente. Piden agua al cruzar el Mar Rojo, en Mará, pero el agua está amarga y no puede beberse. Le dice a Moisés que lance un madero al agua, y se vuelve dulce. En Refidín, le dice que golpee la roca de Horeb, y la golpea y sale agua dulce. El agua hacía falta: tanto para las abluciones obligatorias como para la ordalía del agua amarga a la mujer en casos de celos, ancestro menos bruto que las ordalía de agua hirviente de nuestros fueros medievales. Pero cuando esto se cuenta en Números, se dice que da dos golpes en vez de uno, cuando técnicamente lo que dios le dice es que hable a la roca, y “saque agua de ella”. Dios le adelanta, en ese momento, que no entrará en la Tierra Prometida. Finalmente Moisés, cuando llegan, no entra. Yo creo que aquí se castiga más que la falta de fe, que no puede haber (acaba de hablar con Dios), la falta de paciencia. Nos pasa con nuestros hijos. Me parecía una gran injusticia lo de Moisés, porque fue castigado por no creer, y creer, la verdad, creía. Ahora que soy padre lo entiendo mejor, y pienso en el mal rato que pasaría Dios.

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