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Opinión | Latidos

El Amor fraterno

Hoy, Jueves Santo, comienza el Triduo sacro y celebramos el “Día del Amor fraterno”, argumento central del auténtico cristianismo. Nuestros templos se convierten en “Cenáculos vivientes”, con la misa denominada “En la Cena del Señor”, recordando y celebrando el “testamento espiritual” que Jesús nos deja: “El lavatorio de los pies, la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y el Mandamiento nuevo”. Nos vienen a la memoria dos frases históricas y penetrantes en este Jueves Santo: “Todo el que anda cien metros sin amor, camina hacia sus propios funerales con el sudario puesto”, de Wittman; y la del sacerdote y escritor Martin Descalzo: “Un cristiano sin amor es un usurpador, una Iglesia sin amor será simplemente la gran apostasía, la gran mentira, la gran farsa”. Anoche, Córdoba entronizó de nuevo la “religiosidad popular”, de la mano de las cofradías, en plazas y calles, con el aroma de ceras e inciensos y la emoción de cada paso, de cada imagen: el Perdón, con su mirada a las alturas; la Pasión, sencillez, humildad y solidaridad con el mundo entero; el Calvario, solemne y elevado porque allí, en ese “monte”, todos nos encontramos; la Misericordia, recordándonos que es el nombre de Dios, en palabras del papa Francisco, y el Santísimo Cristo de la Piedad, invitándonos a una compasión fraternal y universal. Las advocaciones de las imágenes de las Vírgenes, anoche, embriagaban el ambiente de Paz, de Dulzura, de Lágrimas escondidas, de ese Mayor Dolor que será siempre la soledad y la pérdida de lo más querido en nuestras vidas. Cada una de esas imágenes, a su paso, impregnaba de ternura las miradas anhelantes. Y la ternura, el amor que se hace cercano y concreto, fue evocada hermosamente por Carlos Bousoño, en estos versos: “Baja, Señor, y posa tu caricia / en mis cabellos de la tierra, amargos, / y deja un surco luminoso en ellos, / un reguero de cielo dulce y largo”.

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