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Opinión | Entre líneas

Diario de Guerra (II): Las nuevas normas

Hace unas semanas escuché a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, decir que «el viejo orden mundial basado en normas ha muerto». La verdad es que se equivocaba, como ella misma reconoció más tarde. Pero al menos tanto como los que le afearon la frase con un buenismo europeísta igualmente alejado de la realidad.

Yo creo que realmente el viejo orden mundial basado en normas no es que haya muerto. Lo que han cambiado son las normas, que ahora son pocas, apenas tres, y que podrían labrarse en piedra y ser sostenidas como Moisés en el Sinaí o como hizo Donald Trump con la tabla de nuevos aranceles para el mundo. Qué imagen ésta última, parecía el propio Charlton Heston en Los Diez Mandamientos sin barba y con la tez anaranjada en lugar de morena.

En todo caso, el primer nuevo precepto del orden mundial parece claro: «Dar una patada en la puerta, disparar, disparar un poco más... Y luego rezar un poco». La segunda norma es aún más breve: «Nada de diplomacia. Juega al despiste».

No deja de ser curioso que antes, si cualquier país secundario en el panel internacional tenía un conflicto con otro lanzaba mensajes contradictorios mientras daba una cal y otra de arena. A la vez liberaba presos políticos que, por ejemplo, detenía a un nuevo opositor, amenazaba con matar a todas las generaciones de enemigos de la patria lanzando la mayor de las maldiciones y el mismo día proponía un acuerdo al país adversario mientras lanzaba algún misil. Sorprende que ahora quien haga esto sean los propios Estados Unidos.

Y una tercera norma: «Ni por asomo pienses en las repercusiones ni que algo te va a salir mal».

¿Qué ocurrió cuando se desarmó y dejó sin sueldo a todo el ejército irakí? Pues que miles de soldados bien entrenados y radicalizados se metieron en Al-Qaeda. ¿Y qué puede pasar si, es otro ejemplo, se impone EEUU, y en Irán, como propugnan, se deja sin recursos ni alternativa a 190.000 efectivos activos de la Guardia Revolucionaria Islámica y otros y 90.000 de la milicia paramilitar Basij? Pues seguro que nada, según la tercera norma de este orden mundial: «¿Qué puede salir mal?»

Me dirán ustedes que nadie va a ser tan estúpido para originar un problema mayor al que ya había con Irán. Pero si la sensatez fuera una virtud del ser humano, hace tiempo que no existirían las guerras.

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