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Opinión | Latidos

Entre palmas y anhelos

La Semana Santa alzó el telón de su grandeza y sublimidad a los compases de la bendición de las palmas y de los ramos de olivo, tanto en la Catedral como en las distintas parroquias, simbolizando así la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, mientras resonaba en los corazones nobles el Hosanna triunfal: «Haceos como los niños hebreos al paso del redentor. ¡Gloria y honor al que viene en el nombre del Señor!». Así, las puertas de la parroquia de San Lorenzo se convertían en antorchas de fe, abriéndose de par en par, para mostrarnos la imagen de Nuestro Padre Jesús de los Reyes y Nuestra Señora de la Palma, resplandeciente estación de penitencia, saludo celeste y encuentro de un Dios que se acerca a su pueblo con el mensaje más bello dirigido a las entrañas de la humanidad: el de «la salvación y la redención».

Córdoba iniciaba así sus tres ‘Semanas Santas’: la de los templos, con la liturgia esplendorosa de la Iglesia; la de las calles, de la mano de nuestras cofradías, meciendo almas y emocionando cuerpos y miradas, con unas imágenes que reflejan, sin duda, su esencia más viva, al ser mediaciones de la humanidad de Jesús y de su Madre Santísima, abrazadas y contempladas por el gentío que aplaude y escucha esos pequeños gritos de esperanza y de fe. La tercera Semana Santa será la del corazón, la que vive cada uno de nosotros, creyente o no creyente, mientras pone a punto, quizá, ese reloj invisible de sus creencias más intimas. Lo subrayaba así nuestro obispo, don Jesús, en sus declaraciones a nuestro periódico: «Lo cultural tiene importancia, pero también veo una preocupación real por la fe». Córdoba vivió la noche del Domingo de Ramos con esas dos imágenes que electrizan a la multitud: la del Rescatado y la de la Esperanza, junto a las Penas, la Vera Cruz, el Huerto y el Amor. ¡El Amor, argumento central del cristianismo!

*Sacerdote y periodista

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