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Opinión | Tribuna libre

Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica

Esta empresa, ¿de quién es?

Panrico (familia Costafreda), Chupa Chups (Bernat), Palex (Knuth), Cirsa (Lao), Miquel Alimentació (Miquel), Pronovias (Palatchi), Codorníu (Raventós), Freixenet (Ferrer/Bonet), Pastas Gallo (Espona), Celsa (Rubiralta)… La lista podría seguir, afectando a sectores muy diversos. Son empresas históricas de propiedad familiar catalanas que en los últimos 25 años han sido vendidas a grupos extranjeros, incluyendo fondos de inversión de distinto calibre y riesgo. Las razones de que un empresario decida vender su compañía son múltiples y se han analizado caso a caso. A una falta de herencia clara se le suele unir recibir una oferta de compra inmejorable o, simplemente, el cansancio o la necesidad de dedicarse a otra cosa. También una situación financiera complicada y difícil de gestionar. El hartazgo y las ansias por cambiar de aires son muy humanos.

Es tan importante la propiedad de una empresa -quién manda- como dónde se encuentra el centro de decisiones. No es lo mismo que el principal accionista sea un fondo (o un grupo de fondos) de inversión con sede en Tombuctú que una (o varias) personas con cerebro y corazón que saben historia y respetan los orígenes locales del negocio. Los fondos están hoy para desaparecer mañana, están de paso, por mucho que los ejecutivos (más financieros que empresarios) que los representan le den a la manivela hablando del compromiso a largo plazo y blablablá. Linces, gatos, leones o tigres, siempre serán felinos en busca de rentabilizar cuanto más, mejor, su inversión.

En 1914 nacía el origen del grupo Puig en Barcelona, con el objetivo de que los ciudadanos olieran un poco mejor, incluso si no se lavaban lo suficiente con agua y jabón. A la francesa. Ya tuvo mérito crear un perfume popular en aquellos tiempos. Mezclar alcohol con agua y alguna esencia química o natural (algunos descubrieron la lavanda), empaquetada adecuadamente y gastando en márketing y publicidad lo que no está escrito. El cóctel fue suficiente para que, con el tiempo, Puig acabara siendo una de las empresas familiares más respetadas del país. Mariano Puig Planas, segunda generación (1927-2021), llegó a convertirse en el estandarte de la gran burguesía catalana. Mientras Puig creció vendiendo fragancias e internándose discretamente en el mundo de la moda; en Nueva York, Estée Lauder crecía a base de convencer a las mujeres de que había que pintarse los labios. Puig, como ocurrió con Lauder, decidió salir a bolsa para hacer caja, aun manteniendo el control de la empresa.

El anuncio de que ambas empresas familiares conversaban para unir sus negocios ha abierto todo tipo de comentarios laudatorios, unos, y de sorpresa, otros. Lauder vale en bolsa 21.000 millones de euros frente a los 10.000 millones de Puig. No hay que ser matemático para saber quién ganará si fructifican las conversaciones, por mucho que Lauder esté intentando superar una profunda crisis de negocio. El control y el centro de decisiones de la empresa pasará al otro lado del Atlántico. Una venta más está en camino. Unos crecen para que otros vendan. A ver cuál es la siguiente en caer.

*Direcotr de Información Económica de Prensa Ibérica

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