Opinión | Escenario
Al Cristo de los Faroles
Un amigo gaditano me mandó este mensaje ayer: «Córdoba estará a punto de oler a azahar, si no ha empezado ya. Disfrutadlo bien». Le contesté: «La primavera ha llegado con un poco de retraso y los azahares están recién abiertos». Efectivamente, ahora mismo, la ciudad es el escándalo de olor a flores blancas, que junto al de la cera y el incienso, tenemos asociado con la Semana Santa. Siguiendo las indicaciones de mi amigo, trataremos de disfrutarlo. Algunos habrán escogido salir de aquí buscando otros destinos -playeros o de interior-, pero los que nos hayamos quedado no podremos sustraernos al ambiente procesional en el que estamos inmersos. Tambores y trompetas acompañando y anunciando o impresionante silencio por respeto al paso, a lo que representa, al sacrificio extremo y al dolor máximo.
El jueves pasado, en la Real Academia, celebramos el Día Mundial del Teatro, con la colaboración de dos profesores de la Escuela Superior de Arte Dramático Miguel Salcedo Hierro. Domingo Torres Arias, profesor de Dirección de Escena, presentó dos monólogos, interpretados y dirigidos por Noelia González Blandón, Sara García Benítez, María Reyes Carrillo-Núñez y Claudia Cortés Larraz, alumnas de tercer curso. Carmen Rodríguez Álvarez, profesora de Indumentaria, pronunció una interesante conferencia titulada «Vestir las palabras: Berhanyer y Gala en el telar de Penélope». Al término del acto se me acercó Pedro Serrano Rodríguez, un antiguo alumno al que casi no reconocí -la última vez que lo vi, mediría 1,70m; ahora mide 2,05m- para saludarme y regalarme un librito de poemas del que es autor. El título del poemario -Al Cristo de los Faroles- no puede ser más sugerente y apropiado para el momento que vivimos. Este Cristo -de los Desagravios y Misericordia- que, rodeado de ocho faroles, preside la encalada austeridad de la plaza de Capuchinos es, junto a la Mezquita, la imagen más representativa y difundida de Córdoba.
Los poemas de Pedro Serrano están dedicados a Córdoba, a los que escribieron de ella, a sus calles, a su río... Son un canto de amor a la ciudad donde nació, a la que añora cuando está lejos de ella. Pedro, que es licenciado en Filología Hispánica, se rige por el sentir de Antonio Gala: «Ser de Córdoba es una de las pocas cosas importantes que se pueden ser en este mundo». Las palabras que me dedica son éstas: «Para mi eterna seño Marisol. Muy pocas personas hay más responsables de la existencia de este libro». Para mi una de las cosas más importantes del mundo es haberte dejado un buen recuerdo. Pedro, querido alumno, te deseo todos los éxitos.
*Académica
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