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Opinión | Tribuna abierta

La sonrisa del pistacho

La apertura frontal de la cáscara de un pistacho, es asimilable a una sonrisa. En algunos países orientales, como Japón, lo califican «fruto feliz».

Alfóncigo es el nombre en español de un árbol de no excesiva altura de la familia de las anacardiáceas, tronco rugoso, copa frondosa y hoja caduca. Da un fruto drupáceo, en racimo, que contiene una semilla de color verdoso, comestible, denominada pistacho. Su nombre científico es Pistacia vera y en la actualidad el término alfóncigo, derivado del hispano árabe «alfustaq», está en desuso empleándose el sinónimo pistachero.

Necesita veranos largos y calurosos, unos inviernos fríos o muy fríos y se da bien en suelos calizos, silíceos o silíceo-arcillosos. Tarda unos 7 años en ser productivo.

Es una planta dioica, con árboles machos y árboles hembra, diferenciados. Los machos son improductivos y las hembras necesitan ser polinizadas por los machos, fundamentalmente a través del viento, para producir fruto.

Proviene de la antigua Asia Occidental (Irán y Turquía), domesticado hace unos 7.500 años. Según Plinio, llegó a ‘Hispania’ sobre el 63 dC. A partir del siglo VIII se difundió por la dominación árabe. Con la conquista cristiana y los moriscos, al desconocer el carácter dioico, se talaron los improductivos árboles macho y al no poder ser polinizadas las hembras desapareció la especie.

La reina de Saba requisaba la totalidad de la cosecha para ella y su corte. Nabucodonosor lo utilizó en los Jardines Colgantes de Babilonia. En Génesis 43:11, Jacob instruye a sus hijos para que lleven pistachos como regalos a Egipto.

El pistacho es sinónimo de equilibrio, energía y resiliencia en algunas creencias. En China se regalan por Año Nuevo como transmisores de felicidad. En la antigua Persia, ser propietario y comerciante de pistachos era un signo de elevado estatus social y riqueza. Las parejas de enamorados, acudían en luna llena a la base de los árboles para escuchar, ilusionados, el repiqueteo de la apertura de cáscaras.

El pistacho es uno de los frutos secos más ricos en elementos benefactores para la salud. El listado es impresionante: contiene fibra, potasio, magnesio, cobre, hierro, selenio, zinc, riboflavina, ácido fólico, luteína, zeaxantina, melatonina, vitaminas B1, B2, B6, E, K, fitoesteroles, reverastrol, tiamina, carotenos y calcio.

Reciente estudios atribuyen al pistacho efectos correctores en la disfunción eréctil por ser rico en arginina, de efectos vasodilatadores. Conviene citar al médico sevillano Juan de Aviñon que, ya en el siglo XV, recomendaba su consumo porque ayudaban a «dar apetito de dormir con mujer».

*Doctor ingeniero y académico correspondiente

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