Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tribuna abierta

Blues para la eternidad

Que una película de vampiros reciba 16 nominaciones a los Oscar superando los records de ‘La la land’ o ‘Titanic’ (14) ya de por si hace historia en los premios de la Academia estadounidense. Ha habido varios films de este género también nominados en otras ocasiones, pero pocas veces los han recibido y siempre dentro de las categorías denominadas técnicas. El listón lo tenía el ‘Drácula de Bram Stoker’ de Francis Ford Coppola, en 1993 con estatuillas al maquillaje, al vestuario y a la edición del sonido. ‘Sinners’ de Ryan Coogler ha obtenido también tres ‘técnicos’: mejor guión original, mejor fotografía (la primera vez que una mujer- Autumn Durald- , lo obtiene con todo el público femenino en pie) y mejor banda sonora. Y los tres merecidos y claramente determinantes del atractivo de la película.

Así que sí añadimos el cuarto obtenido por Michael B. Jordan al mejor actor interpretando dos personajes, hermanos gemelos – uno más reservado, otro más expresivo- por el método Halo Rig ( un arnés en con doce cámaras en torno a su cuerpo cuyas imágenes luego se superponen a un doble de acción), no cabe duda que ‘Sinners’ ha marcado un jalón en el género. Igual que lo ha hecho también el ‘Frankenstein’ de Guillermo del Toro con otros tres, maquillaje, vestuario y diseño que convierten su film en toda una propuesta estética entre el romanticismo, el gótico y la ciencia ficción. En Villa Diodati John Polidori y Mary Shelley nunca hubieran sospechado que sus creaciones literarias evolucionarían hasta repartirse siete galardones en una misma edición de los Oscar.

Truculencias de sangre y sexo aparte ( estéticamente más en la línea repulsiva de los Nosferatus que en la oscura elegancia de los Dráculas) el film desarrolla una alegoría de cómo el supremacismo de unas culturas trata de absorber la herencia de otras y de la lucha para sobrevivir de éstas. En este caso a través del delta blues, un estilo rural y pasional de la zona del Misisipi capaz de generar, combinando armónica y guitarra, una música «tan pura que puede atravesar el velo entre la vida y la muerte, el pasado y el futuro» como se comenta en la película. Una energía, nacida del sufrimiento, capaz de conectar con los espíritus. Paralelamente la cinta también alude,usando la guitarra de Sammie, a todo un grande del blues como Charly Patton. Y encuentra clara inspiración en la leyenda de Robert Johnson y su pacto con el diablo para convertirse en el más grande intérprete de las notas azules (murió en extrañas circunstancias y hay hasta tres tumbas con su nombre). Algunas puertas a otros mundos debe abrir la música cuando los pactos con el maligno son leitmotiv hasta en el ámbito de los clásicos (que se lo digan a Paganini o Tartini ). Los aficionados al género también evocarán rápidamente el ‘Titty twister’ de ‘Abierto hasta el amanecer’ y su toque tarantinesco o novelas como ‘Salem´s lot’ de Stephen King.

Pero además de un espectáculo musical y visual, ‘Sinners’ ofrece también algunas reflexiones sobre la libertad o la inmortalidad, especialmente al final entremezcladas con los post créditos. Sammie convertido en una figura del blues rechaza la oferta de vida eterna que le ofrece el vampirismo. Ha vivido lo suficiente y forma parte de un legado cultural imperecedero. Es esa eternidad la que merece la pena. Esa y la de ser libre para poder ver amanecer el sol todas las mañanas. Y hay quienes no dudan en trasladar una inquietante frase del film a realidades político sociales del mundo actual: «Si sigues bailando con el diablo, un día te seguirá hasta tu casa».

Tracking Pixel Contents