Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Cosas

Caldito de brujas

Hablemos nuevamente de Shakespeare, ahora que una película, y previamente una novela, inspiradas en la más célebre de sus obras ha estado presente en la ceremonia de los óscar. Hamlet es la referencia esencial del dramaturgo inglés, pero uno se queda con ‘Macbeth’, si acaso por su sangrienta codicia y el mágico telurismo de sus brujas. Siempre me fascinó ese hado narrativo cocinado en su caldero, donde le profetizan a Macbeth su corona y que reinará hasta que avance el bosque de Birnam.

Con independencia de su desagravio histórico, las brujas de hoy emplean unas dietas menos hipocalóricas y han de recurrir a un colador para extraer de la marmita toda esa nata de bulos. Pero no soy el único tentado en preguntarles quién será el próximo inquilino (o inquilina) de la Moncloa que provenga de la izquierda. Los índices demoscópicos apuntan a la dificultad de esa capnomancia, sostenida en ese letargo de la Bella durmiente que le otorgan al post sanchismo. Pero algo ha cambiado en las elecciones en Castilla León. No es que Carlos Martínez, el candidato socialista, se espeje en el conjuro como un canoso Príncipe de Beckelar. Y sin embargo ha volteado esa tendencia menguante a la que el socialismo se había acostumbrado. Ello posiblemente ha obedecido a su semblante conciliador, diametralmente opuesto a ese otro correligionario castellano que desde el Ministerio de Transportes ametralla provocaciones. Martínez ha tenido los arrestos de convertirse en el antídoto de la polarización; de alegrarse por aumentar su grupo con dos escaños, pero sin tener empachos en reconocer como ganador al PP de Mañueco. Quizá con ello vuelva a vindicarse que la sinceridad y el buen trato al adversario tiene una recompensa electoral.

Martínez no ha musculado su candidatura en una cartera ministerial, sino en un ejercicio del poder más apegado a su territorio. Esa tangibilidad también suma, a la que tampoco se puede desdeñar esa clásica fragmentación de la izquierda, conduciendo toda esa miscelánea a su desaparición del parlamento castellano-leonés. A cambio, la representación de las cuitas y agravios provinciales, con una parte no desdeñable de los leoneses apuntando de manera crónica por su cisma.

Pero la mejor noticia para la centralidad -que no el centralismo- ha sido esa antinomia de la Reconquista en la que han podido convertirse estas elecciones para Vox. Y no tanto por los resultados, sino por sus expectativas; el suflé previsiblemente desinflado en aquella Comunidad donde se retrató su acción de Gobierno; con unos incendios que se llevaron vidas, riqueza patrimonial y paisajista y en los que el ninguneo ecologista de la extrema derecha ha podido pesar más que toda fanfarria campera y caballuna. Sería una jugada muy audaz que Carlos Martínez planteara la abstención en el discurso de investidura, pues esta generosidad descolocaría al PP y enervaría las ambiciones de Abascal. Pero me temo que no será bendecido desde Ferraz, siempre más propenso a agitar el avispero que al tabú de los consensos.

El plato fuerte de este ciclo electoral se cocina en nuestra tierra. A Moreno Bonilla se le merman los pétalos de la margarita, pues en junio comienza el Mundial y nos visita León XIV. Al sanchismo se le acerca el bosque de Birnam; pero la situación contradictoriamente satisfactoria de la condición humana le hace albergar esperanzas con este resuello del bipartidismo. Quizá esas brujas de Macbeth lo que cocinaban en sus brebajes era credibilidad y sentido común. Quién sabe.

*Licenciado en Derecho, graduado en Ciencias Ambientales y escritor

Tracking Pixel Contents