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Opinión | Calma aparente

Instrumento de precisión

Pasear por la ciudad con un carrito de bebé aporta nuevos puntos de vista, descubre nuevos mundos, confirma sospechas. Cuando uno camina pendiente únicamente de mover una pierna después de la otra, muchos obstáculos pasan desapercibidos; por este motivo, el carrito se erige entonces en instrumento de precisión, en medidor, entre otras cosas, de la calidad del suelo. Dando una vuelta por el Centro, por ejemplo, el traqueteo es casi continuo y, por momentos, cobra tintes sísmicos. Las baldosas rotas o sueltas son lo más común en nuestra ciudad, así que los bebés se ven sometidos a una vibración intensísima, de tal manera que, en un futuro, los que hagan una ruta del Dakar o un safari por Tanzania creerán haber vivido esas experiencias antes. Les auguro, en ese sentido, algún desconcertante ‘déjà vu’. Nuestro suelo (pavimento si nos ponemos estupendos) espolea a los recién nacidos; los zarandea y los prepara para un mundo siempre incierto; diría que incluso los está curtiendo antes de tiempo.

Con la idea de obtener datos concluyentes, encuesté a mi hija y a otros bebés de su quinta, pero esquivaron mis preguntas aferrándose a la excusa de no haber aprendido a hablar todavía. En cualquier caso, puedo asegurar, sin miedo a equivocarme, que el estado actual del suelo en Córdoba es bochornoso en general y peligroso en particular. Llama la atención que no se haya producido aún ninguna abducción inversa tras la pisada de alguna alcantarilla. No sé si se registran muchas caídas, aunque tampoco creo que las reclamaciones de los vecinos sean representativas, porque es de sobra conocida la tortuosa burocracia que acompaña el resarcimiento de daños, y eso siempre constituye un elemento disuasorio. ¿No se tropiezan nuestros concejales cuando van de un acto a otro, de una foto a otra? ¿Habrán caído (disculpen la broma fácil) en la cuenta del lamentable estado de las calles?

Pienso ahora en la calle Alfaros, en la obra que se hizo. Pasaron poco más de dos meses y tuvieron que recurrir a las labores de parcheo; pasado un año, han cortado la calle un día para acometer las obras de remodelación. En su momento se firmó una garantía de tres años: ya solo quedan dos. Ante soluciones así, uno no sabe si prefiere el abandono. Quizá el alcalde, pensando en próximas elecciones, haya optado por la psicología inversa: hacer como que no quiere que le voten para conseguir lo contrario. Mientras tanto, mis paseos irán acompañados de una estrategia previa. No está uno para salir a la calle sin tener en cuenta los baches. El sueño es un valor en alza.

*Escritor

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