Opinión | Escenario
Cabeza y corazón
La cabeza es la parte superior del cuerpo humano y superior o anterior de muchos animales, en la que están situados el cerebro y los principales órganos sensoriales. El cerebro es uno de los centros nerviosos constitutivos del encéfalo, existente en todos los vertebrados y situado en la parte anterior y superior de la cavidad craneal. Por eso, en perfecta metonimia, suele utilizarse la palabra cabeza, atribuyéndole al total las funciones que sólo corresponden a una parte. Por ejemplo, refiriéndose a la capacidad de razonar y al juicio: Dijo lo primero que le vino a la cabeza o Juan tiene muy buena o mala cabeza. Si se trata de una persona atolondrada, tiene la cabeza a pájaros o cabeza de chorlito o cabeza loca; si es metódica, y obstinada, tiene la cabeza cuadrada; si no se cansa ni fatiga, aunque se ocupe mucho tiempo de algún trabajo mental, tiene la cabeza de hierro; si es de poco entendimiento, tiene la cabeza redonda; si es hipócrita, tiene la cabeza torcida; para asegurar rotundamente lo que dice, se apuesta la cabeza; si ejecuta sin réplica lo que se le manda o se conforma con paciencia, baja la cabeza...
El cerebro ejecuta la capacidad de sentir, procesa la información que recibe de los sentidos, controla la conducta y las emociones, capacidades todas ellas que solemos atribuir al corazón, músculo común a vertebrados y muchos invertebrados, que actúa como impulsor de la sangre y que en los seres humanos está situado en la cavidad torácica. Cuando nos invade una emoción fuerte, solemos llevarnos la mano al corazón. La palabra corazón invade el campo semántico de las emociones: No tenéis corazón, Juan tiene buen corazón (sentimientos), tengo el corazón en un puño (angustia), abrir el corazón (ánimo), hablo con el corazón en la mano (sinceridad), es todo corazón o tiene un corazón que no le cabe en el pecho (generosidad), tiene mucho corazón (nobleza).
Con estos antecedentes, en infinidad de ocasiones, cuando se trata de tomar una decisión, cabeza y corazón entran en conflicto. ¿Qué debemos hacer, lo que nos indica la cabeza o lo que nos manda el corazón? ¿Debemos hacer caso a la razón o al corazón? Me permito recordar la frase del filósofo y matemático francés Blaise Pascal, perteneciente a su obra ‘Pensamientos’: «El corazón tiene razones que la razón desconoce». Viene a decir que los sentimientos y las emociones tienen su propia lógica y que el instinto puede conducirnos a certezas que la racionalidad no puede explicar. Cabeza o corazón. Lo ideal sería el difícil y equilibrado término medio que a todos nos gustaría conseguir.
*Académica
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