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Opinión | La Córdoba que amamos

Salvemos los bancos de los Patos

Devoro cada mañana el Diario CÓRDOBA de papel para darme un baño de realidad -¿qué pasa en la ciudad?-, siempre con la esperanza de encontrar noticias que levanten el ánimo. Días pasados me alegró el día este titular: «La Junta propone restaurar los bancos de azulejos del parque de los Patos / El Ayuntamiento ya dispone de la propuesta de conservación del Instituto Andaluz de Patrimonio». La crónica de la periodista Irina Marzo aseguraba que dicho instituto -dirigido por el historiador cordobés Juan José Primo Jurado- ha elaborado el proyecto de intervención con la propuesta de medidas para la conservación y restauración de los bancos cerámicos. No tardó el Ayuntamiento en recoger el guante para anunciar la recuperación de los azulejos, que se licitará este mismo mes, aleluya.

Echando la vista atrás, los bancos de azulejos brindaban asiento a los lectores que acudían hace un siglo a la Biblioteca Séneca, una iniciativa municipal promovida por los eruditos Rafael Castejón y José María Rey Díaz, con el fin de que sirviese de «ameno y deleitoso solaz al entendimiento de los que concurren a aquellas deliciosas frondas», como justificaron en la solicitud. Para hacer realidad aquella aspiración se aprovechó una caseta de planta hexagonal dedicada hasta entonces a guardar las herramientas de los jardineros; rastrillos, azadas y tijeras de podar fueron reemplazados por libros, unos 2.000, a disposición del pueblo anhelante de saber. Unos cuarenta años estuvo funcionando tan feliz iniciativa cultural, que llegó a contabilizar más de 20.000 lectores anuales.

Junto a la biblioteca, el Ayuntamiento dispuso una decena de bancos de mampostería revestidos de azulejos -obra del artesano talaverano Juan Ruiz de Luna-, que, haciendo honor al nombre de la biblioteca, plasmaron en los respaldos una treintena de aforismos de Séneca, tales como: «El miedo aconseja siempre muy mal» o «Nadie querría la vida si no la recibiera por sorpresa». Algunas frases aparecen hoy dolorosamente tachadas con pintadas vandálicas y otras incluso han desaparecido. Son agresiones que no merece nuestro ilustre paisano. Hay bancos corridos, rectos y curvos, que forman un perímetro ovalado alrededor de una explanada protegida por esbeltos plátanos de sombra. Una joyita olvidada demasiado tiempo que ahora aguarda su recuperación. La belleza de Córdoba no sólo reside en sus grandes monumentos, sino en rincones con encanto como ese, revalorizado por la vecindad de la gran Biblioteca Grupo Cántico, equipamiento cultural del que presumir. Y que podría utilizar la explanada, una vez restaurados sus bancos, para lecturas y recitales públicos.

Por allí cruzan muchos cordobeses sin darle importancia a los bancos o, como mucho, lamentando su prolongado abandono. Esa indiferencia contrasta con la admiración que despertaron en una artista canadiense, Jamelie Hassan, que, basándose en ellos, realizó una esmerada réplica que se exhibe en la London Regional Gallery de Ontario, nada menos. Es un orgullo apreciar cómo fuera de España valoran lo que aquí maltratamos. Ya era hora de recuperar aquel legado artístico que el vandalismo y la desidia han ido arruinando.

*Periodista

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