Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | caligrafía

Los ricos no emiten

Anatole France escribió en ‘El lirio rojo’ (lo tienen a la página 118 de la edición de Calmann-Levy de 1906) que «La ley, en su majestuosa igualdad, prohíbe tanto a ricos como a pobres dormir bajo los puentes, mendigar en las calles y robar pan». Si tienen ustedes un buen día filosófico, les recuerdo que la Escuela de Chicago profundizó en estas cosas y llegó a la conclusión de que la norma que no incumples es la que te conviene, y no quieres que la incumpla al que le viene francamente mal. Está prohibido para ricos y pobres circular por una zona de baja emisiones, antes Acire, en el futuro los dioses crueles del Derecho lo sabrán; pero por algún extraño motivo los coches con distintivo fetén, 0 o Eco, para pasearse por los sitios sin restricciones, siempre son los de los ricos. Ya, sus dueños no se consideran ricos, pero una gran ganga híbrida se paga en una entrada que supone un año de salario mínimo y una salida del triple, más las cuotas mensuales que toquen. La restricción Acire original buscaba sacar los coches de calles en las que no pueden circular sin fastidiar seriamente al peatón. Era incómodo y un tiro para los vecinos del centro, pero era para todos. Se suavizó por motivos económicos y excepciones naturales, y hemos llegado a lo habitual: la ley nacida de la bruma burócrata europea la soporta la familia que no tiene un coche híbrido ni hace turismo cultural, se la salta el que puede pagar y el negocio es del que vende coches y pegatinas para el cristal. El centro, más sucio y más roto: como siempre. El que hace la norma, secuestrado o ciego. Las economías normales, tras la valla. Y ya estaría. Circulemos.

*Abogado

Tracking Pixel Contents