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El cumpleaños
Elena dice que el gato está raro, que sí, Mari Carmen, no me mires así, que está raro, que te lo digo yo, que el animalito no me evita porque tiene un corazón de oro y estaría feo, pero poco le falta, hazme caso. Elena dice que ella, que conoce a su gato como si lo hubiera parido, sabe por qué es, que es por lo del cumpleaños, bueno, más bien por lo del no cumpleaños. La cosa es que la semana del cumpleaños de Bambino ella estuvo hasta arriba de trabajo y se le pasó una fecha tan señalada en el candelario, yo sé que lo del trabajo no es excusa, Mari Carmen, pero te digo de verdad que esa semana teníamos auditoría y yo estaba que me subía por las paredes. Total, que no tuvo hueco para comprarle el regalo al minino, la cesta con los productos gourmet que le chiflan, el surtido de latitas de buey, de conejo, de ternera y de cordero, los palitos de matatabi que tan bien le van para los dientes, algún juguetillo, un pollo de los que suenan, una bola antiestrés de algún color alegre... Nada. No le regaló nada, desastre total. Vamos, que el gato pasó el día en el que cumplía cinco añazos, todo un lustro mejorando el mundo con su elegancia felina, como un día más, como un día cualquiera, ninguneado por una dueña olvidadiza e incapaz de priorizar lo importante de esta puñetera vida, como si una auditoría en la empresa fuera más importante que la demostración de cariño que merece un compañero de vida, un verdadero ser de luz, que tú sabes mejor que nadie que el aura de Bambino no es el aura de un gato cualquiera, Mari Carmen, que se tendría que lavar la boca la gente para hablar de mi gato, sobre todo mi cuñada, que va de limpia y de limpia tiene lo que yo de fraile. Cuando ya por fin volvió a estar la cosa más tranquila en el trabajo y Elena recuperó sus hábitos, se percató con inquietud de que el gato hacía lo de siempre pero no lo hacía como siempre, sino con un poso de tristeza en el fondo de los ojos, como con una desgana preocupante… ya ves tú, que hasta a Félix se lo llevé para que le hiciera un reconocimiento integral y me dijo que estaba más sano que una pera. Hasta que por fin Elena cayó en la cuenta, en la cuenta de lo del cumpleaños, que no digo yo que me lo esté echando en cara, porque él no es de echar las cosas en cara, pero que está dolido sí te lo digo Mari Carmen, te pongas como te pongas, que está dolido sí te lo digo, no me digas que no. Es en este punto cuando Mari Carmen le dice a su amiga del alma, Elena, que ya, que ya está bien, que no puede seguir así, que debería buscar urgentemente la ayuda profesional de un psicólogo. Un psicólogo para el gato, se entiende.
*Profesor
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