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Opinión | Para ti, para mí

«Cuaresma: Sed de bien…»

Avanza la cuaresma en la liturgia de la Iglesia, y en este tercer domingo -Día Internacional de la Mujer, un día que nos recuerda la lucha histórica de las mujeres por sus derechos laborales, políticos y sociales-, el Evangelio nos ofrece la silueta de una mujer samaritana anónima que iba a sacar agua al pozo de Jacob y volver después al pueblo. Iba pensando en su casa, en sus quehaceres, en cómo atender a sus necesidades. Tenía sus pasos más o menos calculados, el ir y el volver previstos. Y de pronto, se ve sorprendida por aquella petición y aquel interlocutor que le dice: «Dame de beber». Por mucho que nos desconcierte, Jesús nos dirige esas mismas palabras, en el brocal del pozo que representa este momento de nuestras vidas: «Dame lo que traes contigo. Abre tu corazón. Dame lo que eres». Más que ganas de beber, Jesús está deseoso de encontrar un alma endurecida. Necesita encontrar a la samaritana para abrirle el corazón: le pide de beber para poner en evidencia la sed que ella tenía. A la mujer le impresiona el encuentro con Jesús, que le hace preguntas acerca de los interrogantes profundos que nos asaltan a todos, pero que a menudo acallamos. «Nosotros tambien tenemos muchas preguntas que hacer, ¡pero no encontramos el valor de dirigírselas a Jesús!», comentaba el papa Francisco. Las personas somos un misterio. Por mucho que pasemos tiempo unos con otros, vamos desvelando quien es el otro a medida que este nos lo muestra. No a todos les hacemos partícipes de nuestras verdades más profundas y, además, hay un núcleo que resulta desconocido incluso para nosotros mismos.

La Cuaresma es el momento oportuno para mirar dentro de nuestra alma, para escuchar nuestras necesidades espirituales más auténticas y pedir la ayuda del Señor en la oración. El ejemplo de la samaritana nos invita a expresarnos así: «Jesús, dame de esa agua que saciará mi sed eternamente». De la pregunta de la samaritana nace un diálogo: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Jesús responde: «Si supieras quién soy yo, y el don que tengo para ti, me lo pedirías y te habría dado agua viva, un agua que sacia cualquier sed y se convierte en manantial inagotable en el corazón de quien la bebe»e. Ir al pozo a por agua es cansado y aburrido. ¡Qué bien estaría disponer de una fuente de la que mana agua sin cesar! Pero Jesús habla de un agua distinta. Cuando la mujer se da cuenta de que el hombre con el que está hablando es un profeta, le confiesa aspectos de su vida y le hace preguntas religiosas. Su sed de afecto y de vida plena no ha sido apagada por los cinco maridos que ha tenido: es más, su vida está sembrada de desengaños. A la mujer le impresiona el respeto que Jesús demuestra tenerle al hablarle incluso de la verdadera fe como relación con Dios Padre «en espiritu y verdad», e intuye que ese hombre podría ser el Mesías: Jesús, algo rarísimo, se lo confirma: «Soy yo, el que habla contigo». Él le dice a una mujer con una vida tan desordenada que es el Mesías. El hermoso pasaje evangélico de la mujer samaritana y su encuentro con Jesús, nos revela que «Dios está allí donde menos lo esperamos, que es justamente en la entraña de lo más oscuro: ahí es donde nos espera; dicho cristianamente, en la entraña de la cruz está luz, o acaso tambien junto al brocal de un pozo perdido, junto a una ciudad como aquella de Sicar.»

El pasado miércoles tuvo lugar en el salón Liceo del Circulo de la Amistad, la presentación del libro Las Vírgenes de Córdoba (Almuzara), de Juan José Primo Jurado. Estas imágenes de María, muchas de ellas patronas de nuestra capital y de nuestros pueblos, son sin duda «cátedras vivas de la religiosidad popular». En mis palabras de presentación quise subrayar la «pedagogía» de las tres «eses» que su autor utilizó en su vida docente y en sus múltiples afanes culturales: Una «pedagogía sabia, sencilla, seductora». Y el gozo de los versos marianos de José Miguel Ibáñez, dirigidos a la Virgen: «Señora, mira cómo hoy sonrío de haberte descubierto / a espaldas de mi tiempo perdido, más allá de mis creencias altamente tomistas».

*Sacerdote y periodista

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