Opinión | El mar alrededor
El mundo tiembla
La escalada bélica globalizada, con turistas atrapados y rutas cerradas, expone la fragilidad del confort actual y la necesidad de nuevas formas de auxilio ante las contingencias
La comparecencia solemne de Emmanuel Macron, anunciando el refuerzo del arsenal nuclear francés, sitúa a Europa en un escenario de inquietud compartida. El mensaje llega en medio de una escalada bélica incontestable: el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y la respuesta inmediata desde Teherán reactivan una tensión que parecía cuestión de otra época. Escuchar al presidente francés es sentir una pena antigua, la de constatar que el mundo vuelve a ser un lugar inseguro, movido por los mismos fantasmas que creíamos superados.
Las redes sociales amplifican esa sensación. Entre imágenes de misiles y titulares de última hora, aparecen vídeos de turistas atrapados en la zona: viajeros varados en aeropuertos que hace apenas días eran enclaves lujosos o refugiados improvisados en hoteles que hoy sirven de albergue. Solo en Emiratos Árabes hay cerca de 13.000 españoles sin poder regresar. La realidad globalizada nos conecta con la guerra, incluso a través de sus daños colaterales más triviales.
La desestacionalización de las vacaciones explica parte de estas cifras, pero también pone de relieve hasta qué punto un conflicto lejano repercute en la vida cotidiana. También reaviva el recuerdo de lo frágil que es nuestro confort: petróleo encarecido, rutas cerradas, mercancías detenidas, empleos en riesgo... Si el accidente de tren Adamuz ya expuso la urgencia de regular precios en emergencias, la actual crisis subraya el espejismo de seguridad en el que vivimos y llama a que ideemos nuevas formas de auxilio ante este tipo de contingencias. La subida de precios en los billetes de avión cuando hay una alta demanda humanitaria o los retrasos en operaciones de evacuación son ejemplos de situaciones que no debemos permitir que se repitan.
No se trata de alimentar el miedo, sino de asumir que el momento que atravesamos exige lucidez. El ruido de las bombas en Oriente resuena en nuestras economías, en nuestros viajes, en nuestra forma de mirar el mundo. No olvidemos nunca que la indiferencia también tiene consecuencias.
*Subdirectora de El Periódico.
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