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Opinión | Economía con toque

¿Pequeño despilfarro?

Como no quiero seguir deprimiéndome con las cosas que pasan en este país, voy a tratar un tema poco grave y que resulta curioso: la economía de la suscripción. ¿De qué va eso? Son modelos de negocio donde pagamos una tarifa que nos da acceso al producto de forma continuada, lo que a nosotros nos genera un gasto continuo y a las empresas que los venden un ingreso continuo. Algunos dirán que esto, de una forma u otra, siempre ha existido, algo que es cierto, pero los modelos de negocio basados en exclusiva o principalmente en suscripciones sí son nuevos. Y la pregunta es: ¿es un modelo de negocio positivo para los hogares? Todos tenemos pequeños gastos en cosas que no aprovechamos mucho y que parece que no son nada, pero quizás deberíamos mirar detenidamente nuestro extracto bancario. Si nos paramos a observar detalladamente el paso de los meses, empezaremos a ver: 6,99 €, 12,50 €, 4,99 €, 20,30€…, pequeñas cantidades que así por separado no nos llaman la atención y pensamos en lo baratos que salen determinados productos, pero que si las juntásemos podrían sumar un reguero de gasto importante al cabo del año.

El paradigma de este modelo de negocio son las plataformas de vídeo y música, que se han convertido casi en un indispensable en nuestras vidas. De hecho, algunos habrán recibido y regalado suscripciones a plataformas las pasadas Navidades o en cumpleaños, como algo útil que suele gustar. Para estas empresas el modelo está resultando bastante rentable. A nivel global, según Global Market Insights Inc., las suscripciones de vídeo bajo demanda alcanzaron unos 152.000 millones de euros en 2023, y se espera que lleguen a unos 408.000 millones en 2032, lo que supondrá un crecimiento medio anual de alrededor del 11 %. En algunos medios, se habla de más de 1.800 millones de usuarios. Plataformas como Netflix, ingresaron en el año 2024 unos 39.000 millones, duplicando su facturación en los últimos 5 años, con unos 300 millones de suscriptores. Spotify tuvo unos ingresos de aproximadamente 15.500 millones, en 2024, alcanzando más de mil millones de beneficio. Algo similar le ha ocurrido a Disney, cuyo servicio de streaming logró por primera beneficio en el tercer trimestre de 2024.

Este modelo permite tener ingresos recurrentes y previsibles al contar con millones de personas pagando cada mes, lo que aporta estabilidad y facilita planificar inversiones, deuda, etc. Esto se complementa con un efecto escala, ya que el coste de rodar una serie o una película es elevado, pero el de distribuirla por su plataforma cuesta poco. Y una de las cuestiones más relevantes, y a las que le prestamos poca atención, recopilan nuestros datos: saben qué ves, cuándo, desde qué dispositivo. Esto les permite ajustar contenidos, precios, estrategias de anuncios y negociar mejor con productores y anunciantes. Además, como ha hecho Amazon, pueden meter publicidad o subir precios. Además, la concentración del gasto digital en unas pocas plataformas globales significa que una parte creciente de la renta disponible sale del territorio donde se genera y se va a balances empresariales que tributan, en muchos casos, en otros países.

En los hogares españoles, según la EAE Business School, se paga al menos una plataforma de carácter audiovisual en dos de cada tres y en uno de cada tres al menos dos. El gasto medio anual ronda los 286 euros por hogar, cifra que puede acercarse a los 400 euros si sumamos música y videojuegos en línea. De hecho, este mismo informe destaca que el precio de estas plataformas ha aumentado un 81% desde 2015. Si lo pensamos detenidamente, no es poco para unas economías familiares maltratadas que han visto en los últimos cinco años como la cesta de la compra sufrían importantes subidas de precios. Sharingful (plataforma que ayuda a gestionar nuestras suscripciones; sí, ya existe también este modelo de negocio) afirma que, de media, los españoles estamos suscritos a unas 3, 4 o 5 plataformas digitales y que solo utilizamos 2 o 3. Es más, un 72% de los usuarios cree que paga demasiado y un 27% paga por productos que no usa. Por tanto, pagamos simplemente porque no nos acordamos de cancelar o porque nos lo ponen complicado, y estas empresas lo saben.

La cuestión económica de fondo no es demonizar ni a las suscripciones ni a las empresas, sino reflexionar sobre el equilibrio de nuestras finanzas y reconocer que cada euro destinado a un servicio infrautilizado es un euro que no va a construir un pequeño colchón de ahorro.

*Profesora de Economía de la Universidad de Córdoba

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