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Opinión | escenario

Señora de las Tabernas 2026

Antonia Arjona Galán es la Señora de las Tabernas de Córdoba 2026, galardón que concede el Aula del Vino. Y es la única vez que voy a llamarla Antonia, porque todos -familiares, amigos, compañeros de profesión y clientes- la conocen -la conocemos- como Antoñita. Y muchos de ustedes seguirán sin saber de quién hablo, hasta que les diga que es la mujer -me resisto a llamarla viuda, porque su marido continúa estando presente en su memoria y en su vida- de Alberto Rosales Ortega, iniciador de la saga hostelera que actualmente regenta establecimientos tan conocidos como Puerta Sevilla, Taberna de la Viuda, La Posada del Caballo Andaluz y La Joya de los Patios, situados en el barrio del Alcázar Viejo, también conocido como San Basilio por ser éste el santo cotitular de la parroquia de Nuestra Señora de La Paz.

A Antoñita la conozco desde siempre, desde aquellos gloriosos años setenta, que supusieron el despegue turístico-gastronómico de Córdoba y que tuvieron en Alberto Rosales uno de sus más destacados protagonistas. Alberto, ciudadrealeño por nacimiento, huérfano de padre, llegó a Córdoba con catorce años y empezó a trabajar con su tío en el Bar Rosales, que estaba enfrente de la antigua plaza de toros. Allí aprendió la profesión. Antoñita era peluquera y tenía su peluquería en la misma calle donde vivía la madre de Alberto. Allí se conocieron cuando Alberto volvió de la mili, se enamoraron y vivieron su noviazago. Cuando se casaron se fueron a vivir a la calle Cabra y pusieron el Bar Crismona -más tarde, Costa Sur- donde se servían buen vino, almejas y mejillones. Y Antoñita, que al parecer no tenía bastante con criar a los hijos que iba teniendo, cuenta que ella quería hacer algo, porque estaba acostumbrada a trabajar y no podía sentirse ajena a una vida laboral activa, con que empezó a hacer ensaladillas, boquerones en vinagre, carne con tomate...Todos los días iba a la plaza y compraba para el bar. Y no sólo guisaba, sino que se encargaba del lavado y planchado de paños, manteles y servilletas. Luego vinieron El Faro, La Bahía, El Vivero. Costa Sol... Su suegra le ayudaba.

Antoñita no ha sido una mujer relegada a la cocina, sino que ha acompañado a Alberto en todo lo que ha emprendido, como cuando fue presidente de Hostecor y de la Federación Andaluza de Hostelería. Antoñita tiene inteligencia, mundo y saber estar. Sus hijos -Alberto, José, Isa y Paco- y sus nietos la acompañarán el próximo miércoles, cuando reciba de manos de Manuel María López Alejandre, como presidente del Aula del Vino, el bello diploma que la acredita como vigesimoséptima Señora de las Tabernas.

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