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Opinión | Palabras para andrómina

Paz perpetua

Me hice en mi juventud antibelicista por dos películas, ‘Johnny cogió su fusil’ (1971) y ‘Apocalipsis Now ‘(1979). Desde entonces me he preguntado si es posible una paz perpetua. Podríamos responder que la condición humana es así y las guerras son inevitables por las circunstancias geográficas, económicas u otras. O por lo que describía Tucídides (siglo V aC) por la diferencia de desarrollo entre países, que es otra forma de llamar el imperialismo.

La paz perpetua es un concepto que desarrolla Enmanuelle Kant, aunque ya había antecedentes en la historia del pensamiento. Pero en primer lugar habría que definir qué es la paz de una manera sencilla, y con una definición negativa, parafraseando la simplista, pero eficaz definición de salud -ausencia de enfermedad-, la paz sería la ausencia de guerra. ¿Pero realmente es así?

Al principio dije antibelicista y no pacifista porque pienso que son dos conceptos diferentes. El antibelicista está en contra de todas las guerras; así además creo que se definiría casi todo el mundo, ya que nadie o casi nadie quiere una guerra. El pacifista también pero le añade el matiz de la «no intervención». Lo cual no sólo es un disparate histórico sino que el mundo estaría dominado por una sola potencia imperialista, sean USA, Rusia, China o cualquier otro imperio a lo largo de la historia como el nazi o el comunista, por no adentrarnos en la historia anterior.

Y además algunos –no todos- de los que se autodefinen como pacifistas, condenan, y así debe ser, la guerra de Gaza, pero miran hacia otro lado con la de Ucrania. Como si una fuera injusta y la otra no. Europa no puede en mi opinión apelar a la no intervención en Ucrania. De esto saben mucho los republicanos españoles y por qué perdieron la guerra civil. Es significativa en este sentido la posición de Bertrand Russell hace un siglo cuando era absolutamente contrario a la I Guerra Mundial, pero no a la segunda, con una frase muy metafórica y contundente, aunque también ridiculizaba una postura: «La izquierda quiere mandar una delegación al Etna y pedirle que no entre en erupción». Puede ser, como dicen los pacifistas -¿quién no lo es en sus ideas?- que si hay guerras es porque hay ejércitos y armas, pero la utopía de su desaparición no ha conseguido evitar ninguna guerra. El imperialismo y el nacionalismo –su némesis-, o el tribalismo, son las madres de todas las guerras y mientras existan aquellas existirán también. Y hay quien desde el poder político o económico promueve la guerra para beneficio propio. Lo cual no empece para intentar evitarlas, porque el determinismo histórico de su origen es contrario a lo que precisamente pensaba el teórico de referencia de las guerras, Clausewitz, que dijo que era la política por otros medios.

Se puede pensar que la guerra, la violencia, la ambición, el odio al otro, forman parte de la condición humana (lo que Erich Fromm llamó «instintivismo»), lo que de alguna manera justifica las guerras al considerarlas inevitables, a lo que no es ajeno el mito cultural de la guerra, pero también forma parte de esa condición la cultura del deseo de vivir en paz, la solidaridad, el control del mal –entendido en sentido de daño innecesario-, la bondad y sobre todo la capacidad y la voluntad de regular, atenuar o suprimir los males. En definitiva, ¿son inevitables o no las guerras?, ¿son consecuencia del instinto humano o de nuestra civilización y por tanto modificables?, ¿es posible la paz perpetua? Sí, si consideramos que la guerra no es inevitable.

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