Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | el cuerpo en guerra

Una cena entre Nora Ephron y Rosa Montero

He pasado las últimas noches con Nora Ephron. No con la Nora guionista y directora de Oscars, sino sobre todo con la escritora y periodista, que es gracias a la que existen las dos primeras. Llevada a la fama por películas como Cuando Harry encontró a Sally, Algo para recordar, Tienes un email o Julie & Julia, merece ser puesta en valor como articulista (No me gusta mi cuello y No me acuerdo de nada) o escritora (Se acabó el pastel), ámbitos en los que ha sido una figura de peso en EEUU aunque aquí no sea tan conocida por ello, pese al ahínco de Libros del Asteroide y Anagrama.

Siendo Nora una entusiasta de las cenas y una gran anfitriona, no paraba de venírseme a la cabeza lo interesante que podría haber sido sentar en una mesa a la maravillosa Rosa Montero con Nora. Sus artículos, su agudez y mordacidad, junto a esa sensibilidad tremendamente lúcida y honesta, me han recordado muchísimo a los textos de Rosa. Sí, creo que Rosa es nuestra Nora, aunque su estrellato haya estado siempre en la literatura, y Nora es su Rosa, aunque ellos no se hayan dignado todavía a descubrirla y publicar su obra.

Nora, siempre tan neoyorkina, habría insistido en que se celebrase en su casa y Rosa no habría dudado en llevarse un bolso bien grande para que su perra Petra hiciera el viaje cómodamente. Porque no, Rosa no se separa de Petra. Incluso, puede que Nora hubiera querido hacer acopio de galantería para sorprender a su invitada e introducir en la cena fichajes de alto nivel cultural (por supuesto, mujeres). ¿Susan Sarandon, quizás? ¿Jane Fonda? ¿Miranda July?

Me aventuro a imaginar que habría preparado pastel de carne con puré de patata y una ensalada y se habría despendolado haciendo tres postres, como siempre: algo de chocolate, una tarta de frutas tipo tatin y un pudin de ciruela, que es su preferido. Creo que esta vez Nora no habría sido la única que probara el pudin de ciruela, sino que Rosa la habría acompañado.

Se habrían pasado toda la noche hablando, compartiendo referentes y comentando viejas anécdotas de cómo antes las redacciones de los medios estaban copadas por hombres. Jane o Susan habrían insistido en las barbaridades que están pasando ahora mismo en EEUU y en cuánto nos queda aún para la igualdad real. Y Miranda habría escuchado detenidamente, introduciendo algún comentario extravagante de vez en cuando sobre arte y cine. Una cena estupenda, ¿verdad?

Tracking Pixel Contents