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Opinión | El feminismo de Vox

Salma y el silencio

Que la realidad no se inmiscuya en el relato semanal. Toca hablar del uso del burka y del niqab, un tema candente. La propuesta de su prohibición en el espacio público es prácticamente la única aportación a la presente legislatura de la ultraderecha. Debe de tratarse del famoso «feminismo de Vox» sobre el que nos ilustraba estos días la desdichada María Guardiola, triunfadora de las elecciones en Extremadura lejos de la mayoría absoluta y política menesterosa. Una lideresa que donde ayer veía señoros y machirulos hoy ve sufragistas. Come y calla, María, le han dicho desde su partido. El PP de Alberto Nuñez Feijóo ya ha ganado sin mayoría suficiente las elecciones de 2027 y por eso ya está gobernando esposado a Santiago Abascal. Más vale hacerse a la idea y votarles lo del velo integral islámico, lo de los toros, las banderas o lo que pidan.

El feminismo racista de Vox quiere eliminar las «cárceles de tela» donde encierran a las mujeres fanáticos de otras culturas que no tienen cabida en la nuestra. Pero llega Salma con su horripilante historia real que ha pasado aquí mismo e interrumpe el relato semanal. Marroquí sin velo, 38 años, ha vivido dos secuestrada en una casa de la huerta de Murcia. Se mudó con un novio español al que creía buena persona y que al poco le quitó el teléfono y empezó a maltratarla. No la dejaba salir a la calle, la violaba y la molía a palos todas las noches, hasta que la ataba y la encerraba en el baño para irse a dormir. Hace unos días se olvidó de amarrarla y ella pudo escapar. Por lo que contó a la policía, no es que su torturador dispusiera de un zulo para retenerla en secreto: había un trasiego constante de gente en casa. El tipo le enseñó incluso el agujero donde pensaba enterrarla cuando la matase. La familia denunció la desaparición de Salma en abril de 2024, pero no recibió noticia alguna. Las feministas de Murcia convocaron una concentración de apoyo a la mujer que escapó del infierno por sus propios medios, denunciando que la violencia machista ejercida contra las migrantes no se atiende y se enfrenta con el mismo cuidado que cuando la víctima es blanca. Las feministas de verdad no aceptamos gato por liebre.

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