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Opinión | Punto y coma

Moralmente perdidos

La lengua española dispone de una serie de prefijos que, unidos a una palabra que funciona como base de derivación, aportan a un nuevo término derivado el significado de «negación» o «privación». Tal mecanismo de formación de vocablos se puede observar en varios sinónimos del adjetivo «inmoral». Así, alguien que esté privado de «moral» sería «amoral», «deshonesto», «indecoroso», «indecente», «impúdico» o «sinvergüenza».

«Moral», por su parte, es un sustantivo que hace referencia a la «doctrina del obrar humano que pretende regular el comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y los deberes que implican». Asimismo, el presidente del Gobierno ha pretendido recientemente dar lecciones de moralidad a los mandatarios de los distintos países europeos y, a través de ellos, a todos los ciudadanos de Europa. Este comportamiento se percibe como una ambiciosa empresa para alguien que vive rodeado de personas y hechos a los que bien se podría adjudicar la lista de adjetivos aquí planteada, y no solo estos. Parece que quien le escribe los discursos cree dominar la lengua cada vez que acude a ordinarias e hirientes metáforas. Y es que resulta lacerante que pretenda sustituir el «rearme militar» por el «rearme moral» quien jamás obró como dijo que haría y es el responsable de que hoy asesinos sanguinarios paseen por la calle.

En efecto, es obsceno que intente dar lecciones de moral quien estaría cerca de ser un analfabeto en ese sentido. Nos dice que nos enfrentaremos a nuestros enemigos con «multilateralismo» y «feminismo». Pues bien, como envíen al frente a quienes capitanearon el comando de mujeres que se rebeló frente al coronavirus, estamos perdidos. Moralmente armados, pero perdidos.

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