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Opinión | NO NI NA

Rafael Ruiz

Rafael Ruiz

Periodista

El fino análisis

Me pasa una cosa con la izquierda-izquierda verdadera y es que habla y habla, pero yo no la entiendo. Con los años, me sucede que aplico la siguiente regla: si necesitas algo más que un octosílabo para explicarlo, es que lo tuyo no tiene explicación posible. Todo lo que precisa de alargarse más puede ser adornado por un sinfín de disyuntivas, subjuntivos, condicionales, cosas.

Es como en la Universidad, que a los trabajos escritos le llaman «medios de ejecución práctica»; a los parciales, «producciones elaboradas por el estudiantado», y a las tutorías, «actividades de acción tutorial». Lo prometo. El consejero Villamandos acabará pidiendo un B1 para entender la neolengua que su departamento inventa. Igual un diccionario universitario-español procede. Desde aquí lo propongo.

Así, ocurre que la primera vez que leí que España (en general) «nos roba» venía en un pasquín de las juventudes del partido de Gabriel Rufián, que considera que eso de darle a cada cual según sus necesidades es una cosa antigua, de proletas. Visto lo cual, hay que parar a la ultraderecha a costa de facilitarle la vida a los que se aprueban un sistema de financiación pro domo sua.

Los mismos que facilitaban las denuncias a los hosteleros del extrarradio barcelonés por no rotular en catalán las tapas de callos con garbanzos, a eso se dedicaban cuando gobernaban, ahora te van a pedir el voto. Aquí se matan 46 en dos trenes y todo está judicializado, no politice. Allí, un accidente en Rodalíes y se los cepillan de tres en tres. De buenos somos idiotas.

Hombre, pedir el voto cuando te ha importado un mismísimo carajo lo que al votante le pase todo este tiempo, cuando ni siquiera te has dignado a saludar, viene a ser uno de esos signos de la posmodernidad, tan líquida siempre. Tengo el agua al cuello, venga la unidad de la izquierda-fetén, hermanos. Siempre habrá quien compre la mercancía averiada que venden en los after de Madrid, suponemos, donde el agua está tan buena, el pescado es tan fresco y los escaños se pagan tan bien. Líbreme usted de los ultras para que podamos seguir pillando es cosa que por aquí nos suena de toda la vida.

Se ha muerto Robert Duvall, un grande, que hizo en los añorados 90 una gran peli llamada The Paper. Salía de director de periódico antiguo, un remedo del Post de Nueva York, de titulares gordos y crímenes sangrientos. Nada de tendencias ni puñetas ni hare krishna ni recetas de quinoa. Uno de los jefes de redacción se queja en una escena de que todo el mundo fuma tanto en la redacción que se ha hecho un análisis y le han detectado nicotina en la orina.

«Pues deja de meterla en mi cenicero», suelta el gran hombre, Duvall. Pues eso.

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