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Opinión | Hoy

Callar o callar

Te lo dices cada día, ante cada insulto, cada marginación, cada amenaza si hablas algo que no aparece colocado por el Poder en su atril. Redes sociales. Me lo repites cada día: No te molestes en contestar, en razonar, en dialogar, porque ya estamos afincados en la violencia, que todo lo transforma en violencia y lo entierra en violencia. Así que calla y silencio. Callar o callar. El silencio, lo único que crea páramo donde la violencia se extravía, porque la violencia necesita palabras para clavarles su aguijón y matarlas desde dentro y convertirlas en abismos. Pero tú no tienes gritos, no quieres tenerlos; sólo soledad más sola que la nada, tu soledad, esa soledad donde te expulsan y te exilian y te proscriben tantas gargantas desgarrándose a base de odio que se alimenta de odio, y violencia que se alimenta de violencia. Tantas palabras convertidas en dentelladas; tantas mandíbulas crispadas, dispuestas a volverse fauces que clavan sus colmillos y desgarran; palabras para encumbrar la hipocresía; fanatismo para encumbrar la hipocresía y aliviar así el miedo a no pertenecer a ningún redil. Callar o callar.

Porque en el desierto está la verdad, y la verdad sólo sirve para ser prostituida con cada palabra y cada actitud. Violencia de todos contra todos, para encubrir la violencia de cada uno contra sí mismo, que se odia a sí mismo porque se vive en el fondo de su ser como un fracaso personal, y no admite el vivirse así porque no admite el ridículo de sus frustraciones, la extrañeza de su fracaso, de la pérdida de un ser querido, y, sobre todo, porque no admite el miedo, el miedo ancestral, atávico, a su muerte, a no ser nada y a seguir siendo nada por más que grite y gesticule.

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