Opinión | cielo abierto
De ratones y hombres
Si veo una imagen o un vídeo de Óscar López, independientemente de lo que esté diciendo, siempre me pregunto qué tipo de vida late ahí dentro, si hay un viaje consciente y meditado que parta de un lugar para decirnos algo. Un pensamiento propio, me refiero. Si hay talento ahí, hasta ahora lo hemos visto expresamente para reproducir algo que ha dicho otro, que sí ha vivido su propia línea recta o sinuosa entre el razonamiento de una idea y su exposición articulada en palabras. En Óscar López parece que la capacidad que ha cultivado, fomentada quizá desde sus entornos sucesivos dentro del partido, o la que podemos percibir, es la reproducción de argumentos de otro. No pienso luego existo, sino oigo, luego largo. No es un mal planteamiento de partida, pero hay que tener antes a alguien interesante a quién escuchar, en esas tardes anchas, para el aprendizaje de vivir.
A Óscar López le habría venido bien escuchar de cerca a Javier Lambán, que quizá le habría animado, en un rapto humanista de entusiasmo, a pensar por sí mismo. Es la mayor conquista a la que llega a un hombre, pero no es un camino ni siempre directo, ni exento de tropiezos: todos nos hemos descubierto alguna vez manipulados y engañados, porque hay gente muy experta en hacerte pensar lo que ella quiere, aunque te anule, y que además lo ejerzas contra ti. Si Óscar López hubiera tenido más cerca a Lambán y lo hubiera escuchado con atención, habría podido conocer la honda sutileza de la integridad, como una red tejida que no siempre te puede proteger al caer, pero que garantiza que después sigas reconociendo tu rostro en el espejo. Es seguro que, entonces, no se habría visto envuelto, ni como insinuación, ni como acusación, en ese acecho nebuloso que se le ha imputado, como la búsqueda de carroña contra Pedro Sánchez en 2016, cuando no era el puto amo -la cita es de otro de la misma rama, Patxi López- y por tanto aún no tenía siervos. Nadie es responsable del suegro que tiene o que padece, ni de sus noches locas; pero si se intentó perjudicar así a Sánchez, lo que se consiguió fue una foto de grupo.
Óscar López parece haber elegido una posición ante la vida basada en opiniones al dictado. Por eso ataca a quien tiene un criterio propio. Pilar Alegría y Félix Bolaños, como García-Page, salen en defensa de Lambán. Pero no habrá mayor elegía, abrazo más hondo, para Javier Lambán -tan ajeno a esa ruindad empeñada en desenterrar a los muertos para la manipulación del día-, que escuchar y ver a Alfonso Guerra recitar el poema de Miguel Hernández a la muerte de su amigo Ramón Sijé. En este tiempo absurdo, aún podemos ser compañeros del alma de algunos hombres buenos con la inteligencia y el corazón libres.
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