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Opinión | El cuerpo en guerra

La primera

Ella cambió el mundo. Y no tenemos ni idea. Muchas referencias a Isabel II, Reina de Inglaterra, o a Margaret Tatcher como personajes femeninos pioneros que han encarnado el poder pero no tenemos ni idea de quién nos abrió camino: Vigdís Finnbogadóttir, primera mujer que se convirtió democráticamente en jefa de Estado en Islandia, la primera mujer históricamente a nivel mundial en ocupar semejante cargo. De hecho, se mantuvo en el poder 16 años, tras ganar 4 elecciones consecutivas.

En ella no hay rastro alguno de ambición, sólo voluntad de servir a la comunidad. Su formación difiere mucho de la de sus homólogos: Literatura, Teatro e idiomas. Trabajó en la enseñanza de idiomas y de teatro, como guía turística, como directora de una compañía de teatro y también como directora del Teatro Municipal. Su historia es la de una mujer independiente que fue rompiendo techos de cristal: creó los primeros cursos para guías turísticos y hasta trabajó como monitora de francés en la televisión. Divorciada y sin descendencia, llegó a enfrentarse a la Justicia nacional para que le permitieran adoptar un hijo. Así, se convirtió en la primera mujer en adoptar a un bebé en solitario, dando a las mujeres una nueva posibilidad para ser madres.

Feminista y pacifista, nunca dejó sus valores a un lado en su labor de gobierno: el cuidado por el medioambiente, el impulso de los derechos de la mujer y el cuidado de la tradición y cultura islandesa. Todo eso y los pormenores de su historia quedan recogidos en la serie «Vigdís», disponible en Filmin, y más que recomendable.

Al fin y al cabo, nos muestra a una chica que luchó para cultivar su educación a nivel internacional, probó el amor y terminó con un matrimonio fallido y varios abortos a sus espaldas, cayó, se rompió, trabajó sin descanso... Y terminó dando ejemplo a cientos de niños demostrando que presidir un país es cosa de mujeres. El germen de este cambio social es un hecho que solemos desconocer: un soleado 24 de octubre de 1975 el 90% de las mujeres islandesas participaron en una huelga nacional y paralizaron el país pidiendo igualdad en los salarios.

Qué lejos estamos en España en 2026 de conseguir nada parecido: ni un seguimiento masivo de la huelga feminista el 8M ni de tener al frente del país a una mujer feminista y comprometida, íntegra, que no venda sus valores y, por supuesto, que no caiga en el populismo trumpista de algunas que sobrevuelan la escena política.

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