Opinión | tribuna libre
Carnaval religioso
Lejos de vivir alienado en la parodia de la rutina diaria me asomo al balcón de la poesía de calle, del pellizco emocionante de una letra bien cantada, del talento de hombres y mujeres sencillos que denuncian llenos de rabia con el lenguaje propio del realismo mágico de un pueblo. Es el carnaval, una fiesta con pocos adeptos en nuestra ciudad si lo comparamos con los ejércitos de homo cofradiensis seguidores de salidas extraordinarias, magnas y tantos otros eventos semanasanteros que pueblan el calendario.
El concurso de agrupaciones carnavalescas de Cádiz se cuela en nuestras casas como cada año antes de empezar a quemar incienso y hacer las igualás. Pero basta con fijarse un poco para darse cuenta de la presencia redundante de lo religioso en una fiesta tan pagana como esa. Este año hay amish de Ohio, cardenales vestidos con visillos de cocina, saeteros engominados, parodias de las cartas paulinas, referencias a un obispo acusado de pederastia, cuplés a la restauración de la Macarena, en fin, que no falta de nada.
Chirigotas y comparsas de los más grandes como Martínez Ares, Yuyu o Jesús Bienvenido dejan caer en sus letras denuncias, críticas y ataques contra la Iglesia. Nada nuevo en realidad, pero por desgracia no hay forma de que escuchemos alguna letra que reconozca y anime la labor callada de tantos cristianos que dan su vida en hospitales, misiones, comedores sociales o casas de acogida que abren sus puertas cada día para salvar gente de la exclusión o del vacío existencial. En fin, siempre ha sido así, pero el cristiano no busca el reconocimiento; las críticas solo le dan más fuerza para seguir caminando por la historia alentado por el Espíritu.
El analfabetismo religioso es generalizado en la sociedad, la gente no se para a pensar por qué esto se llama así o de dónde procede una tradición u otra. Pero lo cierto es que sigue habiendo multitud de manifestaciones religiosas y espirituales a nuestro alrededor, y no dejan de aparecer, para bien o para mal, en tantas cuartetas carnavaleras.
En pocos días llegará Doña Cuaresma vestida de morado, cargada de penitencia y conversión, invitándonos a echar el freno y pararnos a redescubrir lo esencial, a explorar nuestros desiertos. Se guardarán en un baúl los antifaces, los trajes arlequinados, y seguiremos en ese ciclo eterno de carne-espíritu, en un dualismo constante de humanidad.
Tras tantos memes sobre la lluvia y las borrascas -hasta un arca de Noé se ha visto por Córdoba-, nos espera una cuaresma morada en el interior, aunque verde y florida en el exterior tras los temporales carnavaleros. Gracias, Don Carnal, por recordarnos que somos humanos, pero también divinos.
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